
| El sueño de San José 1650-55 |
Mateo 2,13-15
El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estáte allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle."
Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: 'De Egipto llamé a mi hijo.'
Las figuras forman una diagonal, que es también la trayectoria de la luz, que tiene su fuente más atrás del ángel, en un punto no visible del cuadro: el niño, envuelto en los pliegues del manto de la Virgen, apenas se adivina; la Virgen, a su vez, descansa con rostro sereno; San José, en cambio, carga todo el peso de angustia de la escena: «¿qué pasará ahora que ha nacido el niño?» Y se ha dormido en posición de orar, de pedir alguna luz sobre lo que habrán de hacer los tres.

Y el ojo de Rembrandt congela ese instante en que la oración ha sido escuchada, el ángel se acerca a traer el Plan de Dios para ellos... pero San José aún no lo sabe. Tal vez por eso el mensajero de Dios esboza una casi imperceptible sonrisa: tras nuestras angustias y turbaciones hay siempre un designio que nos envuelve y nos lleva más allá de lo que podemos ver y comprender.
