Para finalizar, unas pequeñas indicaciones de conjunto: la exuberancia de los paisajes y de las figuras pueden distraernos por un momento de la totalidad de la obra, que no es la simple suma de lso elementos que el pintor ha puesto, sino que obedece a un plan, a una lectura de la consumación de todas las cosas en Cristo.
Habíamos visto en el políptico cerrado cómo procedía la obra convergiendo no sólo espacialmente sino también temporalmente en el Cordero místico; decíamos allí que el "plan narrativo" incluía el mensaje de los profetas, la primera realización, con el anuncio del ángel, la consiguiente encarnación, y la fundación de la Iglesia.
En el políptico abierto ese plan narrativo, si bien completamente definido, se vuelve más complejo, y quizás difícil de verbalizar:
la doble franja superior/inferior también alude a una doble consideración: estático (deesis) / dinámico (peregrinación hacia el Cordero). Pero además los exteriores de la escena, Adán y Eva, Caín y Abel, nos muestran que toda esa adoración está enmarcada por algo tan humano como el tiempo, por una historia de salvación, donde también el pecado tiene su lugar. Desde esos exteriores se inicia la peregrinación hacia el centro, hacia la Jerusalén celestial, a la que marchan y en la que convergen no figuras indiferenciadas, sino santos concretos, de todas las clases,d e todas las procedencias.
En este sentido el cuadro es no tanto una fotografía del cielo, cuando un manual para llegar a él. Y para que en ese manual no falte ningún aspecto, el frente del panel presenta ante el espectador una fuente octogonal (propia de una pila bautismal), que en su borde lleva escrito: "Hic est fons aque vite procedens de sede Dei et Agni" (esta es la fuente de agua de vida que procede del trono de Dios y del Cordero), referencia muy directa a los versículos del Apocalipsisis que hablan de ello: 7,17 y 21,6; pero también, sin duda (porque las frases del propio Apocalipsis son evocaciones de ello) a la fuente que brotaba del jardín, en Edén, y desde allí regaba al propio Edén y a toda la tierra.
"El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5)
Con el centro puesto en el Cordero, el eje vertical del cuadro lo enmarca: arriba con el espíritu, y abajo con la fuente de agua vivificante, que precisamente -y con esta imagen deseo terminar la visita guiada- se abre por delante, y fluye un canal de agua de vida cuyo cauce se sale del marco del cuadro, hacia el observador, para vivivicarlo también a él, también a nosotros.

Algunas imágenes han sido tomadas, bajo licencia Creative Commons, de lukasweb.be, fotógrafos: Dominique Provost, Hugo Maertens
El cuadro ha sido restaurado en 2019, las fotos del cordero reflejan el estado actual.
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