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El Testigo Fiel
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Biblia: Personajes de la Biblia

Genealogías III: Recepción de las genealogías de Jesús

En este capítulo exploramos el tema de la recepción teológica e interpretativa de las genealogías, es decir, de cómo la tradición posterior, con mucha consternación, ha recibido esa doble genealogía de Jesús.

Un aspecto distinto, pero no menor, es la historia de la recepción de esta diferencia. A fines del siglo I e inicios del II ocurrieron dos hechos que afectaron a la recepción de estos textos:

-El surgimiento del gnosticismo, que espiritualizaba, descarnaba a Jesús, lo convertía en un "ser interior", una "chispa divina" en el alma del creyente, pero sin carne y sangre real. Ofrecerle a ese público dos genealogías contrastantes era servirles en bandeja el argumento de que la carne de Jesús carecía de la densidad de la historia.

-El segundo hecho fundamental es la rapidez con la que la nueva fe cristiana, después de la caída del templo de Jerusalén (año 70), y unido al auge de los grandes centros de la cristiandad gentil (Roma, Efeso, por ejemplo), se "desjudaizó". Más rápido de lo que en teoría podríamos haber esperado. Los cristianos de la primera mitad del siglo II podían ya ver el pasado judío de nuestra fe, y con ello los códigos de pensamiento propios del AT, como un pasado lejano, y en parte incomprensible.

"Somos de ayer y lo llenamos todo", clama Tertuliano (Apologeticum 37,4) a fines del siglo II. Él lo dice en relación al Imperio Romano, para reclamar libertad religiosa para la fe cristiana. Pero sin quererlo él, expresa también una verdad más honda e interna a la fe cristiana: los gentiles convertidos, los sobrevenidos, los "injertos en el olivo cultivado de Israel" (Rm 11,24), ahogaron casi todo vestigio de los modos de pensar y sentir religiosos propios del judaísmo y del AT.

Entre esos modos de pensar entra la sensibilidad genealógica semítica que hemos venido estudiando, así que la duplicidad de genealogía de Jesús, concebidas las dos al modo del AT, no podían menos que causar escándalo en unos pensadores que consideraban lo prioritario defender la historicidad literal de cada palabra del NT, y sobre todo de los Evangelios.

Hubo varios ensayos de respuesta:

1 - Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica, Libro I, cap. 7, trae una solución al problema tomada del apologista Julio Africano (s. III). Según este autor, las diferencias entre los nombres de las genealogías de Mateo y Lucas se deben a la ley del levirato, según la cual, cuando un hombre moría sin hijos, el hermano debía tomar por esposa a la viuda, y el primer hijo que engendrara era legalmente del hermano muerto, por tanto, se podría decir que biológicamente era de uno, pero legalmente del otro, siempre dentro de la misma familia. Esta ley es mencionada en Dt 25,5-10, y conocemos un caso práctico de aplicación en Gn 38, con el levirato que debían aplicar los hijos de Judá, Onán y Selá, por la muerte del primogénito, Er. También conocemos un caso teórico de levirato a través de Marcos 12,18-27 y paralelos, en la controversia que los saduceos ponen a Jesús para ridiculizar la resurrección de los muertos. Pero realmente no sabemos si es una ley que se aplicó mucho o poco; a juzgar por la confusión que manifiesta el libro de Rut entre levirato y pariente de rescate, lo más probable es que fuera una ley poco usada.

Pero incluso aunque fuera una ley usual, cuesta creer que en una misma línea genealógica se den unos 40 casos de levirato, donde se haya registrado el nombre del padre biológico y del putativo; además de que quedan sin explicar la ampliación de generaciones intermedias en Lucas, comparado con Mateo.

2 - La respuesta que se hizo clásica viene, como era de esperarse, de san Agustín. En la "Concordancia de los Evangelios", Libro II, dedica a este tema varios capítulos. Según el Doctor de Hipona, la doble genealogía refleja la filiación carnal (en Mateo, porque dice "engendró") y adoptiva (en Lucas, porque sólo dice "hijo de"). Naturalmente es un argumento irrebatible, ya que todos han muerto y no podemos preguntarles, pero ¿qué probabilidades hay de que 42 generaciones de personas puestas en serie hayan sido adoptivas y hayan conservado registro del padre biológico y del adoptivo? Lo responderé con rapidez: ninguna. Y a partir de ahí el santo doctor (admirable en la mayor parte de su obra, pero no en esta pequeña sección) se pierde en consideraciones místicas y simbólicas sobre los números 40 y 77 de las dos genealogías, sin dar razón de por qué lo que en Mateo es una generación en Lucas llega a ser 2, 3 y hasta 4.

Es interesante constatar que esta respuesta, artificiosa y para salvar el expediente, llega, por obra de la sensibilidad poética y retórica del propio Agustín, a admitir sin decirlo, la realidad: se trata de construcciones poéticas, donde la ampliación u omisión de generaciones están al servicio de la expresión del conjunto.

3 - Desde el siglo XV, con la obra de Annio de Viterbo, se popularizó la explicación de que la genealogía de san Lucas sería a través de María, mientras que la de Mateo a través de José.

El fundamento lingüístico utilizado por este autor es el siguiente: el texto latino de la Vulgata dice: "Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, que lo fue de Helí, que lo fue de Mattán..."; entonces podría entenderse: "era, según creía, de José [pero en realidad] lo fue de Helí [etc.]", con lo cual se puede postular que Helí es el padre de María, no de José.

Ya es bastante difícil que la frase latina se pueda entender así, ese "que lo fue de..." no plantea ninguna situación alternativa, ninguna disyunción; pero es que además esa construcción está ausente del texto griego, que dice simplemente "José, de Helí, de Mattan..." todos expresados en el caso genitivo, un claro posesivo que no da ningún resquicio para que se pueda entender como disyuntivo.

Confieso que, aunque he leído muchísimas veces esta explicación (incluso hoy es bastante popular, en un internet que ha retrocedido en cuestiones bíblicas a tiempos precríticos), no puedo entender cómo alguien puede afirmar seriamente eso, a la vista de los propios textos, que son claramente patrilineales, además de que una genealogía matrilineal hubiera sonado completamente vanguardista y fuera de lugar en el marco cultural antiguo. Nos guste o no, la cultura antigua es patriarcal, y las genealogías, patrilineales.

Es verdad que todos estos autores antiguos estaban constreñidos a ofrecer una respuesta literalista, porque concebían la revelación evangélica como una especie de dictado que el Espíritu Santo había hecho, no se había aún distinguido "inspiración" y "dictado". Naturalmente, son nociones complicadas, y es difícil dejar de representarse la inspiración de la Biblia como un dictado, pero afortunadamente, tanto los estudiosos como el Magisterio han abandonado desde hace muchos años esa representación de las cosas, y se va penetrando poco a poco en la noción, mucho más fecunda, de que la verdad literal de la Biblia es su verdad literaria, y que por tanto la verdad, sea cual sea, hay que buscarla en la composición de los textos, y en las intenciones literarias de sus autores.

Es más: diría que debemos agradecer al Espíritu Santo por haber permitido que los evangelios de Lucas y Mateo nos plantearan este problema, porque impiden que nos refugiemos en respuestas literalistas, que en última instancia resultan artificiales.

Abel Della Costa

Nota bibliográfica: Los libros de Fitzmyer, Brown y Johnson citados en Bibliografía son muy adecuados para profundizar en los temas expuestos, y son los que he utilizado como base para este trabajo.

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