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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Cesáreo de Arlés, obispo
En Arlés, de la Provenza, san Cesáreo, obispo, que, después de haber llevado vida monástica en la isla de Lérins, recibió este episcopado en contra de sus deseos. Preparó y reunió sermones apropiados para las festividades, que los presbíteros debían leer con objeto de instruir al pueblo, y escribió también reglas de vida, tanto para hombres como para religiosas, para dirigir la vida monástica.

El pueblo cristiano, apoyándose en la humildad, se eleva a la cumbre de la virtud

fuente: Sermones (Sermón 90, 4.6: CCL 103, 372.373. 374)
Se utiliza en: Miércoles, V semana del Tiempo Ordinario (par)

El bienaventurado patriarca José, movido de la dulzura de una sincera caridad, trató de rechazar con la gracia de Dios, de su corazón el veneno de la envidia, del que le constaba estar inficionado el corazón de sus hermanos.

Así pues, al pueblo cristiano no le es lícito estar celoso, no le está permitido envidiar: apoyándose en la humildad, se eleva a la cumbre de la virtud. Escucha al bienaventurado apóstol Juan en su carta: El que odia a su hermano es un homicida; y de nuevo: Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos. El que aborrece – dice– a su hermano, camina en las tinieblas y no sabe adónde va; pues sin darse cuenta baja al infierno y, como ciego que es, se precipita en la pena, apartándose de la luz de Cristo, que nos amonesta y nos dice: Yo soy la luz del mundo, y El que cree en mí no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

¿Cómo, en efecto, va a poseer la paz del Señor o la caridad el que, dominado por los celos, es incapaz de permanecer en paz y seguridad? En cuanto a nosotros, hermanos, huyamos, con la gracia de Dios, de la ponzoña de los celos y de la envidia, y llevemos la dulzura de la caridad a nuestras relaciones no sólo con los buenos, sino también con los malos; así no nos reprobará Cristo por el pecado de envidia, antes nos felicitará y nos invitará al premio diciéndonos: Venid, benditos, heredad el reino.

Tengamos en las manos la sagrada Escritura y en la mente el pensamiento del Señor; que jamás cese la continua oración y persevere siempre la operación salvadora, de manera que cuantas veces el enemigo se acercare para tentarnos nos encuentre siempre ocupados en las buenas obras. Examine, pues, cada cual su propia conciencia, y si se descubre afectado por el veneno de la envidia ante la prosperidad de su hermano, arranque de su pecho las espinas y cardos, para que en él la semilla del Señor, cual en fértil campo, produzca un fruto multiplicado y la divina y espiritual cosecha se traduzca en ubérrima mies.

Piense cada cual en las delicias del paraíso y anhele el reino celestial, en el que Cristo solamente admite a los que tienen un solo corazón y una sola alma. Pensemos, hermanos, que «hijos de Dios» sólo pueden ser llamados los que trabajan por la paz, según lo que está escrito: En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros. Que el piadoso Señor os conduzca bajo su protección y por el camino de las buenas obras a este amor. A él el honor y la gloria juntamente con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Otras lecturas del mismo autor

¿Cómo seguir a Cristo? - [(Sermón 159, 1. 3-6: CCL 104, 650. 652-654)]
El que dé testimonio de la verdad será mártir de Cristo - [(Sermón 225, 1-2: CCL 104, 888-889)]
Todos, por el bautismo, hemos sido hechos templos de Dios - [Sermón 229,1-3 (CCL 104,905-908)]
La sabiduría de Dios en la obra de la redención - [Sermones (Sermón 11, 1. 4. 6: CCL 103, 54. 56-57)]
Alegrémonos, pues hemos merecido ser templo de Dios - [Sermones (Sermón 229, 2: CCL 104, 905-907)]
La misericordia divina y la misericordia humana - [Sermones (Sermón 25,1: CCL 103,111-112)]
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