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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Atanasio de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia
Memoria de san Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia, el cual, preclaro por su santidad y doctrina, en Alejandría de Egipto defendió con valentía la fe católica desde el tiempo del emperador Constantino hasta Valente, por lo cual tuvo que soportar numerosas asechanzas por parte de los arrianos y ser desterrado en varias ocasiones. Finalmente, regresó a la Iglesia que se le había confiado, donde, después de haber luchado y sufrido mucho con heroica paciencia, descansó en la paz de Cristo en el cuadragésimo sexto aniversario de su ordenación episcopal.

Renueva los tiempos pasados

fuente: Sermón sobre la encarnación del Verbo (10: PG, 25, 111-114)
Se utiliza en: Martes, V semana del Tiempo Ordinario (par)
Sábado, XXIII semana del Tiempo Ordinario (lecc. único)

El Verbo de Dios, Hijo del mejor Padre, no abandonó la naturaleza humana corrompida. Con la oblación de su propio cuerpo, destruyó la muerte, castigo en que había incurrido el género humano. Trató de corregir su descuido, adoctrinándolo, y restauró todas las cosas humanas con su eficacia y poder.

Estas afirmaciones de los teólogos hallan apoyo en el testimonio de los discípulos del Salvador, como se lee en sus escritos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos, nuestro Señor Jesucristo. Y en otro pasaje: Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Más adelante, la Escritura prueba que el único que debía hacerse hombre era el Verbo de Dios, cuando dice: Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación. Con estas palabras, da a entender que el único que debía librar al hombre de su corrupción era el Verbo de Dios, el mismo que lo había creado desde el principio.

Prueba además que el Verbo mismo tomó un cuerpo precisamente con el fin de ofrendarse por los que tenían cuerpos semejantes. Y así lo dice: Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también él; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Ya que, al inmolar su propio cuerpo, acabó con la ley que pesaba contra nosotros y renovó el principio de vida con la esperanza de la resurrección.

Como la muerte había cobrado fuerzas contra los hombres, de los mismos hombres, por eso, se logró la victoria sobre la muerte y la resurrección para la vida por el mismo Verbo de Dios, hecho hombre para los hombres, y así pudo decir muy bien aquel hombre lleno de Cristo: Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Y lo demás que pone a continuación. Así que no morimos ya para ser condenados, sino para ser resucitados de entre los muertos. Esperamos la común resurrección de todos. A su tiempo nos la dará Dios, que la hace y la comunica.

Otras lecturas del mismo autor

El conocimiento del Padre por medio de la Sabiduría creadora y hecha carne - [Contra los arrianos (sermón 2,78.81-82: PG 26, 311.319)]
La vocación de san Antonio - [De la Vida de san Antonio (caps. 2-4: PG 26,842-846)]
El Verbo del Padre embellece, ordena y contiene todas las cosas - [Sermón contra los gentiles (40-42: PG 25,79-83)]
Todo, por el Verbo, compone una armonía verdaderamente divina - [Sermón contra los gentiles (42-43: PG 25,83-87)]
El Verbo de Dios vino por su benignidad hacia nosotros - [Sermón sobre la encarnación del Verbo (Núm. 8-9: PG 25, 110-111)]
De la encarnación del Verbo - [Sermón sobre la encarnación del Verbo, 8-9: PG 25,110-111)]
Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna - [Sermones contra los arrianos (Sermón 2, 78.79: PG 26, 311.314)]
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