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El Testigo Fiel
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Documentación: Basilio Magno, obispo y doctor de la Iglesia
Memoria de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, apodado «Magno» por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero del año 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, y mereció por ello ser llamado «Teólogo». Murió el 25 de enero del año 390. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores.

¿Cómo pagaremos al Señor todo el bien que nos ha hecho?

fuente: Regla mayor, respuesta 2,2-4
Se utiliza en: Viernes, II semana del Tiempo Ordinario (impar)
Martes, III semana del Tiempo Ordinario (lecc. único)

¿Qué lenguaje será capaz de explicar adecuadamente los dones de Dios? Son tantos que no pueden contarse, y son tan grandes y de tal calidad que uno solo de ellos merece toda nuestra gratitud.

Pero hay uno al que por fuerza tenemos que referirnos, pues nadie que esté en su sano juicio dejará de hablar de él, aunque se trate en realidad del más inefable de los beneficios divinos; es el siguiente: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo honró con el conocimiento de sí mismo, lo dotó de razón, por encima de los demás seres vivos, le otorgó poder gozar de la increíble belleza del paraíso y lo constituyó, finalmente, rey de toda la creación. Después, aunque el hombre cayó en el pecado, engañado por la serpiente, y, por el pecado, en la muerte y en las miserias que acompañan al pecado, a pesar de ello, Dios no lo abandonó; al contrario, le dio primero la ley, para que le sirviese de ayuda, lo puso bajo la custodia y vigilancia de los ángeles, le envió a los profetas, para que le echasen en cara sus pecados y le mostrasen el camino del bien, reprimió, mediante amenazas, sus tendencias al mal y estimuló con promesas su esfuerzo hacia el bien, manifestando en varias ocasiones por anticipado, con el ejemplo concreto de diversas personas, cual sea el término reservado al bien y al mal. Y, aunque nosotros, después de todo esto, perseveramos en nuestra contumacia, no por ello se apartó de nosotros.

La bondad del Señor no nos dejó abandonados y, aunque nuestra insensatez nos llevó a despreciar sus honores, no se extinguió su amor por nosotros, a pesar de habernos mostrado rebeldes para con nuestro bienhechor; por el contrario, fuimos rescatados de la muerte y restituidos a la vida por el mismo nuestro Señor Jesucristo; y la manera como lo hizo es lo que más excita nuestra admiración. En efecto, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo.

Más aún, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, fue traspasado por nuestras rebeliones, sus cicatrices nos curaron; además, nos rescató de la maldición, haciéndose por nosotros un maldito, y sufrió la muerte más ignominiosa para llevarnos a una vida gloriosa. Y no se contentó con volver a dar vida a los que estaban muertos, sino que los hizo también partícipes de su divinidad y les preparó un descanso eterno y una felicidad que supera toda imaginación humana.

¿Cómo pagaremos, pues, al Señor todo el bien que nos ha hecho? Es tan bueno que la única paga que exige es que lo amemos por todo lo que nos ha dado. Y, cuando pienso en todo esto -voy a deciros lo que siento-, me horrorizo de pensar en el peligro de que alguna vez, por falta de consideración o por estar absorto en cosas vanas, me olvide del amor de Dios y sea para Cristo causa de vergüenza y oprobio.

Otras lecturas del mismo autor

Actúa con valentía, cual experto timonel - [Cartas (Carta 161, 1-2 al obispo Anfiloquio : PG 32, 630-631)]
El Espíritu Santo, que lo ha creado todo, es Dios - [Cartas (Carta 8, 11: PG 32, 263-266)]
El hombre ha de gloriarse solamente en el Señor - [Homilía sobre la humildad 20,3]
Sembrad justicia, y cosecharéis misericordia - [Homilías (Hom. 3 sobre la caridad, 6: PG 31, 266-267.275)]
El que se gloríe, que se gloríe en el Señor - [Homilías (Homilía sobre la humildad 20, 3: PG 31, 530-531)]
Es una sola la muerte en favor del mundo y una sola la resurrección de entre los muertos - [Libro sobre el Espíritu Santo (Capítulo 15, 35: PG 32, 127-130)]
Una sola muerte y una sola resurrección - [Libro sobre el Espíritu Santo 15,35]
El Espíritu, dador de vida - [Libro sobre el Espíritu Santo 15,35-36]
La acción del Espíritu Santo - [Libro sobre el Espíritu Santo 9,22-23]
El Señor vivifica su cuerpo en el Espíritu - [Sobre el Espíritu Santo 26, 61.64]
Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos - [Tratado sobre el bautismo (atribuido: Lib 1, 1-2: PG 31,1514-1515)]
Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí - [Tratado sobre el bautismo (atribuido: Lib 1, 2.3: PG 31,1515-1519)]
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