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El Testigo Fiel
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Documentación: Balduino de Cantorbery, obispo

El Señor discierne los pensamientos y sentimientos del corazón

fuente: Tratado 6 (PL 204, 466-467)
Se utiliza en: Viernes, IX semana del Tiempo Ordinario (lecc. único)
Viernes, XVII semana del Tiempo Ordinario (par)

El Señor conoce, sin duda alguna, todos los pensamientos y sentimientos de nuestro corazón; en cuanto a nosotros, sólo podemos discernirlos en la medida en que el Señor nos lo concede. En efecto, el espíritu que está dentro del hombre no conoce todo lo que hay en el hombre, y en cuanto a sus pensamientos, voluntarios o no, no siempre juzga rectamente. Y, aunque los tiene ante los ojos de su mente, tiene la vista interior demasiado nublada para poder discernirlos con precisión.

Sucede, en efecto, muchas veces, que nuestro propio criterio u otra persona o el tentador nos hacen ver como bueno lo que Dios no juzga como tal. Hay algunas cosas que tienen una falsa apariencia de virtud, o también de vicio, que engañan a los ojos del corazón y vienen a ser como una impostura que embota la agudeza de la mente, hasta hacerle ver lo malo como bueno y viceversa; ello forma parte de nuestra miseria e ignorancia, muy lamentable y muy temible.

Está escrito: Hay caminos que parecen derechos, pero van a parar a la muerte. Para evitar este peligro, nos advierte san Juan: Examinad si los espíritus vienen de Dios. Pero. ¿quién será capaz de examinar si los espíritus vienen de Dios, si Dios no le da el discernimiento de espíritus, con el que pueda examinar con agudeza y rectitud sus pensamientos, afectos e intenciones? Este discernimiento es la madre de todas las virtudes, y a todos es necesario, ya sea para la dirección espiritual de los demás, ya sea para corregir y ordenar la propia vida.

La decisión en el obrar es recta cuando se rige por el beneplácito divino, la intención es buena cuando tiende a Dios sin doblez. De este modo, todo el cuerpo de nuestra vida y de cada una de nuestras acciones será luminoso, Si nuestro ojo está sano. Y el ojo sano es ojo y está sano cuando ve con claridad lo que hay que hacer y cuando, con recta intención, hace con sencillez lo que no hay que hacer con doblez. La recta decisión es incompatible con el error; la buena intención excluye la ficción. En esto consiste el verdadero discernimiento: en la unión de la recta decisión y de la buena intención.

Todo, por consiguiente, debemos hacerlo guiados por la luz del discernimiento, pensando que obramos en Dios y ante su presencia.

Otras lecturas del mismo autor

La sabiduría de la cruz del Señor - [Sobre las bienaventuranzas evangélicas (9: PL 204, 501-502. 504)]
Flor que sube de la raíz de Jesé - [Tratado 7, sobre la salutación angélica]
¿Quién es el sabio capaz de entender estas cosas? - [Tratado sobre el sacramento del altar (Parte 2, 1: SC 93, 194-200)]
Dad pruebas continuamente de que sois servidores de Dios - [Tratado sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía (PL 204, 413-414)]
La caridad no busca su propio interés, sino el de Cristo - [Tratado sobre la vida cenobítica (Tratado 15: PL 204, 545. 556-558)]
La salvación del mundo ha sido distribuida y ordenada en una escalonada serie de tiempos - [Tratados (Sobre el sacramento del altar, parte 2, 1: SC 93, 178-182)]
Es fuerte el amor como la muerte - [Tratados (Tratado 10: PL 204, 513-514. 516)]
La palabra de Dios es viva y eficaz - [Tratados (Tratado 6 : PL 204, 451-453)]
Sed siervos de los siervos - [Tratados (Tratado para los sacerdotes, 12: PL 204, 533-536)]
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