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El Testigo Fiel
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Documentación: Nicolás Cabasilas

Jesús mismo es el premio y la corona de los combatientes

fuente: Tratado sobre la vida en Cristo (Tratado 6: PG 150, 678-679)
Se utiliza en: Miércoles, VI semana del Tiempo Ordinario (impar)

Los que están poseídos por el amor de Dios y de la virtud, deben estar prontos a soportar incluso las persecuciones y, si la ocasión se presenta, no han de rehusar exilarse y hasta aceptar alegremente las mayores afrentas, en la certeza de los grandes y preciosísimos premios que les están reservados en el cielo.

El amor de los combatientes hacia el caudillo y remunerador de la lucha, produce este efecto: infunde en ellos una convicción de fe en los premios que todavía no están a la vista y les comunica una sólida esperanza en los premios futuros. De esta forma, pensando y meditando continuamente en la vida de Cristo, les inspira sentimientos de moderación y les mueve a compasión de la fragilidad de la que son conscientes; les hace además delicados, justos, humanos y modestos, instrumentos de paz y de concordia, y, de tal suerte ligados a Cristo y a la virtud, que por ellos no sólo están prontos a padecer, sino que soportan serenamente los insultos y se alegran en las persecuciones. En una palabra, de estas meditaciones podemos sacar aquellos bienes inconmensurables que son el ingrediente de la felicidad. Y así, en aquel que es el sumo bien, podemos conservar la inteligencia, tutelar la habitual buena compostura, hacer mejor el alma, custodiar las riquezas recibidas en los sacramentos y mantener limpia e intacta la túnica real.

Pues bien: así como es propio de la naturaleza humana estar dotada de una inteligencia y actuar de acuerdo con la razón, así debemos reconocer que para poder contemplar las cosas de Cristo nos es necesaria la meditación. Sobre todo cuando sabemos que el arquetipo en el que los hombres han de inspirarse, tanto si se trata de hacer algo en sí mismos, como si se trata de marcar la dirección a los demás, es únicamente Cristo. El es el primero, el intermedio y el último que mostró a los hombres la justicia, tanto la justicia en relación con uno mismo, como la que regula el trato y la convivencia social. Por último, él mismo es el premio y la corona que se otorgará a los combatientes.

Por tanto, debemos tenerle siempre presente, repensando cuidadosamente todo cuanto a él se refiere y, en la medida de lo posible, tratar de comprenderlo, para saber cómo hemos de trabajar. La calidad de la lucha condiciona el premio de los atletas: fijos los ojos en el premio, arrostran los peligros, mostrándose tanto más esforzados, cuanto más bello es el premio. Y al margen de todo esto, ¿hay alguien que desconozca la razón que le indujo a Cristo a comprarnos al precio de sola su sangre? Pues esta es la razón: no hay nadie más a quien nosotros debemos servir ni por quien debemos emplearnos a fondo con todo lo que somos: cuerpo, alma, amor, memoria y toda la actividad mental. Por eso dice Pablo: No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.

Otras lecturas del mismo autor

He venido para que tengan vida - [Tratado sobre la vida de Cristo (Lib. 1: PG 150, 510-511)]
La bondad de Dios es inexplicable - [Tratado sobre la vida en Cristo (Lib 1 PG 150, 498-499)]
Siento en mi interior la voz de un agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre» - [Tratado sobre la vida en Cristo (Lib 1: PG 150, 494-495)]
A través de los sacramentos, el sol de justicia penetra en este mundo tenebroso - [Tratado sobre la vida en Cristo (Lib 1: PG 150, 502-503)]
Sobre la victoria de Cristo - [Tratado sobre la vida en Cristo (Lib 1: PG 150, 515-518)]
Cristo en persona es nuestro arquetipo - [Tratado sobre la vida en Cristo (Lib 6: PG 150, 678-679)]
Cristo nos ha abierto las puertas de la eternidad - [Tratado “la vida en Cristo” (Lib 1: PG 150, 510-511)]
Los sagrados misterios nos unen a Cristo - [Tratado “la vida en Cristo” (Lib 2: PG 150, 522523)]
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