Por tres cosas debemos gloriarnos en la cruz: por ser remedio, ejemplo y misterio.
Llamamos remedio al mérito de la misma pasión y muerte de Cristo. En efecto, Cristo, inmune a todo pecado, el único libre entre los muertos, en nada deudor de la muerte; y sin embargo, por el gran amor con que nos amó, aceptó, en obediencia al Padre, la muerte que le era indebida en beneficio nuestro, que sí éramos deudores de la muerte. Y de esta suerte adquirió un mérito enorme, mérito del que nos hizo cesión, para que se nos aplicara a nosotros el fruto que en él habría revertido de haberlo necesitado. Tan grande fue este mérito que basta para la salvación de todos. La magnitud del mérito suele medirse por la magnitud del amor con que se obtiene. Siendo, pues, inmenso el amor de Cristo, inmenso es también el mérito de su muerte. Si todos los santos que han existido desde el comienzo del mundo y los que habrá hasta la consumación del mismo, estuvieran libres de todo pecado y murieran en pro de la justicia, la muerte de todos ellos juntos no sería tan meritoria como la sola muerte del Salvador, sufrida una vez por todas. Contemplando Pablo este incomparable tesoro de nuestra salvación, decía: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Que es como si dijera: Dios me libre de juzgarme digno de la gloria y de la salvación, si no es en virtud y por la eficacia y el mérito de la pasión del Señor. Pues en este remedio radica nuestra única esperanza.
A los que se les ha dado la oportunidad de actuar, al remedio han de añadir la imitación del ejemplo, ya que Cristo padeció su pasión por nosotros, para que sigáis sus huellas. Así pues, gloriarse en la cruz en razón del ejemplo consiste en imitarlo con alegría, a semejanza del Apóstol que se gloriaba en las tribulaciones. Y no sólo debemos imitar el ejemplo de la pasión para asegurarnos el remedio, sino también para acrecentar el brillo de la corona.
Llamamos misterio de la cruz a la mística significación del sagrado leño. Este madero tiene, en efecto, una forma cuadrangular. Pues bien: esta cuadratura de la cruz apunta a una cierta cuadratura de la caridad, de la que dice el Apóstol: Que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todo el pueblo de Dios, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo. Los que en sí mismos perciben esta cuadratura, no sin razón pueden gloriarse en el misterio de la cruz, lo mismo que condignamente se gozan en el remedio de la cruz los que poseen una fe sana y han renacido en Cristo. Pero quienes llevan en su cuerpo las marcas de Jesús, pueden gloriarse en el ejemplo de la cruz. Tres son, pues las cosas por las que hemos de gloriarnos en la cruz: el remedio que pertenece al nivel de la fe, el ejemplo que se sitúa en el orden de la operación, el misterio que se inscribe en el área de la dilección.