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Santa Verónica Giuliani, abadesa
fecha de inscripción en el santoral: 9 de julio
n.: 1660 - †: 1727 - país: Italia
canonización: B: Pío VII 17 jun 1804 - C: Gregorio XVI 26 may 1839
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Città del Castello, de la Umbría, santa Verónica Giuliani, abadesa de la Orden de Clarisas Capuchinas, quien, dotada de singulares carismas, participó corporal y espiritualmente de la pasión de Cristo, y por esto fue puesta bajo custodia por cincuenta días, durante los cuales dio siempre pruebas de admirable paciencia y obediencia.

Úrsula Giuliani nació en Mercatello de Urbino, en 1660. Sus padres eran personas de posición en la ciudad. Se cuenta que la niña empezó a dar muestras de excepcional piedad desde muy temprana edad; a los seis años, regalaba ya a los pobres su comida y sus vestidos y, a los once años, la devoción por la Pasión de Cristo había empezado ya a transformar su vida. Úrsula tenía el defecto de molestarse porque los otros no tomaban parte en sus devociones, pero después de haber tenido una visión en la que su corazón se le apareció como si estuviese hecho de acero, dejó de insistir para que los demás la imitaran en sus actos de piedad. El padre de la joven fue nombrado para ocupar un puesto público en la ciudad de Piacenza, y Úrsula se regocijó mucho por la dignidad que ello confería a su familia y por las ventajas económicas que le traía. Tal complacencia no era mala en sí, pero la santa se la reprochó constantemente en su vida posterior.

A raíz de una aparición de la Santísima Virgen, Úrsula hizo voto de ingresar en el convento, pero su padre, Francisco Giuliani se opuso firmemente, deseoso de ver casada a su hija y empezó a presentarla a los jóvenes de las mejores familias. Úrsula enfermó de pena, y su padre acabó por ceder. En 1677, la joven ingresó en el convento capuchino de Citta di Castello, en Umbría, donde tomó el nombre de Verónica. Su noviciado fue difícil; además de las pruebas interiores que debió sufrir, sus superiores, que desconfiaban un tanto de su ambición espiritual, la sometieron también a severas pruebas, tanto más cuanto que el obispo que le había conferido el hábito predijo que sería santa. Después de la profesión, aumentó todavía más la devoción de Verónica a la Pasión de Cristo; a raíz de una visión de Nuestro Señor con la cruz a cuestas, Verónica empezó a sufrir de un agudo dolor en el costado. En 1693, tuvo otra visión en la que el Señor le dio a gustar su cáliz; Verónica lo aceptó, no sin gran resistencia de su sensibilidad y, desde aquel momento, los estigmas de la Pasión empezaron a grabarse en su cuerpo y en su alma. Al año siguiente, las marcas de la corona de espinas aparecieron sobre su frente y las huellas de las cinco llagas se formaron en sus miembros el Viernes Santo de 1697. A pesar de que los médicos trataron de curar las llagas de los estigmas, no obtuvieron resultado alguno. Cuando la noticia llegó a oídos del obispo de Citta di Castello, éste acudió al Santo Oficio en busca de consejo. El Santo Oficio le ordenó que guardase silencio y no se mezclase en el asunto. Sin embargo, cuando los estigmas se agudizaron aún más, el prelado decidió examinarlos por sí mismo; así lo hizo en el recibidor del convento, en presencia de cuatro religiosas, y quedó convencido de su existencia objetiva. Para evitar todo fraude posible, dio orden de que se vigilase continuamente a la hermana Verónica: ésta no debía recibir la comunión ni hablar con las otras religiosas ni con ninguna persona del exterior, y una hermana lega tenía que estar junto a ella día y noche. El obispo mandó además que se pusiese una venda sobre los estigmas, que Verónica llevase las manos enguantadas y que se sellase el broche de los guantes con el sello episcopal. La santa sobrellevó estas prudentes medidas con paciencia ejemplar. Los estigmas no se modificaron en lo absoluto. Entonces, el obispo comunicó el hecho al Santo Oficio y manifestó la obediencia y humildad con que la religiosa lo había soportado todo. El Santo Oficio respondió que se dejase a Verónica volver a la vida normal del convento.

Santa Verónica, como Santa Teresa y todos los grandes contemplativos, añadía a los dones sobrenaturales y místicos los del sentido común y la habilidad. Durante treinta y cuatro años, desempeñó en su convento el cargo de maestra de novicias, lo cual basta para probar su destreza en el cargo. Once años antes de su muerte, fue elegida abadesa. Verónica no permitía que sus novicias leyesen ninguna obra de alta mística; prefería que se contentasen con el «Ejercicio de Perfección y Virtudes Cristianas» del P. Rodríguez y juzgaba que las novicias tenían suficiente trabajo con tratar de echar los cimientos de la humildad, la obediencia y la caridad. Es de suponer, por lo demás, que, siendo una mística, santa Verónica sabía muy bien el daño que puede hacer n los incipientes la lectura de los grandes maestros, que es demasiado elevada para ellos. Nada tiene de raro que una mujer tan práctica se haya preocupado además por ensanchar los edificios del convento y por mandar construir una cañería para el agua.

Al fin de su vida, santa Verónica, que durante casi cincuenta años había sufrido con admirable paciencia, resignación y aun gozo, se vio atacada de una apoplejía. Murió a consecuencia de esa enfermedad, el 9 de julio de 1727. Por orden de su confesor, dejó escrito un relato de su vida y sus experiencias místicas, que fue de gran utilidad en el proceso de beatificación. La canonización tuvo lugar en 1839. Mucho antes de su muerte, santa Verónica había dicho a su confesor que los instrumentos de la Pasión del Señor estaban impresos en su corazón y aun le había dado un burdo dibujo de su corazón, en el que se hallaban representados, pues decía que los sentía porque cambiaban de posición. Después de la muerte de la santa, se hizo la autopsia del cadáver, en presencia del obispo, del alcalde, de varios cirujanos y de otros testigos. La autopsia puso al descubierto una serie de objetos minúsculos, que correspondían exactamente a los que Verónica había dibujado.

Por lo que toca a los fenómenos místicos, el caso de Santa Verónica es tal vez el más notable de toda la hagiología. El P. Thurston, autor del artículo que acaba de leerse, tuvo ocasión de consultar personalmente, en la biblioteca de los bolandistas, el rarísimo summarium de las declaraciones de los testigos que se presentó para la beatificación. El confesor de la santa y sus bermanas en religión afirmaron con juramento que las beridas se abrían y sangraban cuando Verónica quería, y que se cerraban y quedaban perfectamente secas en un cortísimo espacio de tiempo, como sucedió en presencia del obispo. Además, en el artículo no se hace mención de muchos otros fenómenos, como la levitación, los olores aromáticos, etc.

Probablemente, la menos mala de las biografías de santa Verónica es la que escribió el P. Salvatore (1839), basándose en las actas del proceso. El P. Pizzicaria editó en diez volúmenes el diario espiritual de la santa. El P. Désiré des Planches hizo una buena selección de dicha obra en Le journal de Ste. Véronique Giuliani (1931); el comentario médico que hay en este libro del P. des Planches se debe a la pluma de J. F. Gentili. Pueden verse otros extractos en Franciscan Annals (1944 y 1945). Véase también el artículo del P. L. Veuthey en Vita Cristiana, vol. XV (1943), pp. 481-489, 566-589.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedido 3357 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el enlace de la página
Comentarios
por javier (i) (83.49.9.---) - sábado , 20-jun-2015, 7:34:28
Sólo advertir que hay una errata en la fecha del fallecimiento.
Arriba se dice
n.: 1660 - †: 1685
y en el texto
« Murió a consecuencia de esa enfermedad, el 9 de julio de 1727. »
un cordial saludo,
javier
por Abel (81.203.151.---) - sábado , 20-jun-2015, 10:08:09
Muchas gracias, en este caso el error era del Martirologio Romano (la que está arriba), y la correcta era la de la hagiografía, ya está corregido.
por Padre Joan Manuel Serra Oller (i) (151.237.210.---) - miércoles , 10-jul-2024, 9:58:41
Santa Verónica Giuliani (9 de julio)

(En la foto, su tríptico junto al Santo Cristo de la Parroquia de Sant Joan Baptista, de Sant Joan Despí, Prov de Barcelona, España)

El papa beato Pío IX, el del Dogma de la Inmaculada Concepción, dirá de ella algo extraordinario: “¡No es una santa, es una gigante de la santidad!”

Veréis, pronto, por qué lo dijo.

Nace el 27 de diciembre de 1660, en Mercatello, Italia central.

En el lecho de muerte, su madre tiene delante de ella a sus cinco hijas. Y decide asignar a cada una de ellas a una llaga del Señor. A Úrsula (como se llamaba Santa Verónica, antes de entrar en el convento), le tocará la llaga del costado.

Esto será providencial, según sus biógrafos, pues llegará a identificarse totalmente con la Pasión redentora de Cristo.

Úrsula, como se llamaba antes de entrar en el convento, en su adolescencia, recibe una aparición del Señor, que le dice: “¡Úrsula, a la guerra!”

Ella lo interpreta literalmente y decide aprender de su primo la esgrima. En un combate de esgrima su primo la hiere en una pierna. Convalesciente (como San Francisco Javier), comprende que el Señor la llama a otro tipo de “guerra”.

Entrará en el convento de Cittá del Castelo, de monjas capuchinas franciscanas. Dentro de lo que eran los Estados Pontificios, en el centro de Italia.

Allí se dedicará a ofrecer a Dios, por la salvación de las almas, todas las dificultades y sufrimientos propios de la vida comunitaria.

El Señor la llevará SIETE veces al infierno. Quedará horrorizada por los tormentos de los condenados. Y se pondrá a la puerta del infierno como queriendo impedir que entren allí las almas.

Como será con los pastorcillos de Fátima (especialmente Santa Jacinta), después de la visión del infierno, va a querer unirse, ella también, más y más a la Pasión Redentora de Cristo para ayudar a salvar a las almas.

Y escribirá en su diario:

“Oh almas, recurrid a la sangre preciosa de vuestro Creador, que Él os ha comprado y redimido. Dios mío, no os pido otra cosa que la salud (la salvación) de los pobres pecadores. Convertidlos todos a Vos, todos a Vos. ìOh amor, oh amor! Mandadme más penas, más tormentos, más cruces, que estoy contenta, con tal de que todas las criaturas vuelvan a Vos, y nunca, nunca, vuelvan a ofenderos. Me pongo por medianera entre Vos y los pecadores. Vengan los tormentos; el amor lo sufrió todo. El amor ha vencido, y el mismo Amor ha quedado vencido, porque el alma lo siente en sí, en modo que no tengo modo de decirlo.”

Qué bella síntesis del misterio redentor de la Cruz de Cristo: ¡EL AMOR LO SUFRIÓ TODO, EL AMOR HA VENCIDO, Y EL MISMO AMOR HA QUEDADO VENCIDO!
Nos ha dejado un Diario de 22.000 páginas, al cual puso este título: EL POEMA DEL DOLOR Y DEL AMOR.

Experimentará en se cuerpo (cabeza, manos, pies y costado) los estigmas (las marcas o llagas) de la Pasión de su Amado.

Como abadesa del convento, experimentará el fenómeno extraordinario del intercambio de corazones con Jesús y con María (verlo explicado con detalle en el enlace al final).

Explicará, en su Diario, que notaba grabados en su corazón, los instrumentos de la pasión (los clavos, las espinas, la lanza, etc). Después de su muerte, el sr Obispo, ante testigos cualificados, lo pudo comprobar personalmente, al hacerle la autopsia.

Después de una larga y dolorosa agonía, muere al alba del 9 de julio de 1727.

“El Amor se ha dejado hallar”, son sus últimas palabras dichas a sus hermanas. Así terminó su padecer por Amor y comenzó su Paraíso.

Fue beatificada en 1804, y canonizada en 1839.

Algunos piensan, con razón, que podría ser la próxima doctora de la Iglesia.

Ahora se comprende por qué dijo de ella, el Papa Pio IX: “¡No es una santa, es una gigante de la santidad!”

Ver más en la web de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y de María

https://www.corazones.org/santos/veronica_giuliani.htm

Este breve escrito es una síntesis.

Mn Joan Manuel Serra i Oller

jserrao@bisbatsantfeliu.cat
https://bisbatsantfeliu.cat/portfolio/parroquia-santa-eulalia-el-papiol/

Verlo aquí, con la ilustración:
https://docs.google.com/document/d/1rlWLJMLonSSo5B1C0o0k-PnbDkpjpsIp/edit?usp=sharing&ouid=107150286517641052436&rtpof=true&sd=true


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