
No se sabe mucho de san Plequelmo. Era un monje irlandés, como tantos predicadores de la fe de la época. Formaba parte del grupo del obispo misionero san Wiro, junto con el diácono Otger. Predicaron en las regiones de Gelder (en Holanda) y Kleve (actualmente en Alemania). Eliminaron de los santuarios tradicionales todo tipo de costumbres paganas, junto con la veneración de los ídolos, y así prepararon los corazones de la gente del lugar para recibir a Cristo. Prueba de ello es una inscripción en la antigua sala capitular de Oldenzaal en la que se alaba a Plequelmo como "pastor sacrificado" y "Padre de Oldenzaal". Los tres fueron enterrados en Odiliënberg, la montaña sagrada, cerca de Roermond.
Según testimonios contemporáneos en su tumba se produjeron repetidamente milagros: los ciegos podían ver, los poseídos eran liberados de los malos espíritus y los enfermos de todo tipo regresaban a casa curados. El 2 de enero de 858, el rey Lotario II donó la montaña sagrada, donde estaban enterrados los tres, al obispo de Utrecht. Así podría servir de refugio en caso de que los normandos volvieran a invadir su ciudad. En una de esas incursiones, los vikingos amenazaron incluso con penetrar en el monte sagrado. Para mayor seguridad, las preciosas reliquias se pusieron a salvo y no se volvieron a encontrar hasta la época de Balderik, decimoquinto obispo de Utrecht (muerto hacia el 977).
Plequelmo es patrono de Oldenzaal, en los Países Bajos, bajo cuyo título está la catedral católica, también de Deurningen, Lutte, Rossum y Saasveld, y copatrono de St-Odiliënberg.
Con información del Heiligenkalender del P. Dries van den Akker S.J. La imagen es un plafond de techo de la iglesia de San Pedro, en Lier, Bélgica