
A comienzos del siglo XX la industria textil y metalurgia transformaba Sabadell; su población se multiplicaba por ocho y la ciudad extendía sus barrios y modernizaba su economía y servicios. La En 1936 la Comunidad claretiana la constituían once misioneros, de los que ocho de ellos, cuatro Padres y cuatro Hermanos, serían sacrificados: el superior P. Mateo Casals Mas; los Padres José Puig Bret, José Reixach Reguer y Juan Torrents Figueras; y los Hermanos José Clavería Mas, Juan Rafí Figuerola, José Solé Maymó y José Cardona Dalamses.
Regentaban una iglesia en la Plaza del Dr. Robert del centro de la ciudad en la que ocho sacerdotes se hallaban siempre dispuestos a atender el ministerio de la confesión y a la Juventud Mariana. Les ayudaban en las tareas de la casa, cuatro Hermanos coadjutores. Ante las noticias del triunfo de los revolucionarios en Barcelona y en previsión de asalto, los miembros de la comunidad durmieron la noche del domingo 19 de julio fuera de la casa. El día 20 ardían las parroquias de San Salvador y la Cruz Alta, y luego las de la Concepción y San Félix, la Santísima Trinidad, Nuestra Señora de Gracia, el Santuario de la Salud y el Colegio de los Maristas. Tras celebrar la santa Misa depositaron la llave del templo a los pies de la imagen del Inmaculado Corazón de María y marcharon todos a casas de familias amigas que les habían ofrecido asilo.
El Padre Torrents a sus 63 años y con avanzada ceguera, palpando los muros exteriores de la casa, a duras penas pudo llegar hasta un coche que lo llevó a Premiá de Mar a casa de unos parientes. No hallándose seguro, el 30 de agosto se vino a Barcelona, hospedándose en una fonda donde las hermanas Josefa y Pilar Farcet hospedaban a sacerdotes en el num. 5 de la Plaza Estanislao Figueras, en la que permaneció cinco meses y medio. Los rosarios se sucedían uno tras otro sin interrupción, procurando cada día rezar más rosarios que el anterior. Cuando algún amigo llamaba a la puerta de su cuarto, escuchaba estas palabras: - Un momento, por favor, que termino esta decena.
Allí permaneció hasta que el 13 de Febrero de 1937, en que el Canarias bombardeó Barcelona alcanzando la fábrica de motores de aviación Elizalde en el Paseo de San Juan. Todos los vecinos tuvieron que bajar al refugio, preguntándose quienes eran aquellos dos huéspedes de las hermanas Farcet. Tras los bombardeos se sucedían represalias, y tres días después se presentaban en la pensión cuatro forajidos que detenían al Padre Torrents, y al anciano sacerdote Alejandro Segú, regente de Santa Coloma de Gramanet, llevándoles a la checa de San Elías donde fueron encarcelados. El Padre Torrents en su interrogatorio reconoció ser sacerdote claretiano de la Comunidad de Sabadell, y dedicaba su tiempo, como él decía, a “rezar, sufrir y esperar”.
Un decreto de la Generalitat de 2 de marzo de 1937 reorganizaba los servicios de Orden Público y disolvía las Patrullas de Control, por lo que los de la F.A.I. debían abandonar su cárcel particular del Convento de San Elías. Se resistieron hasta que José Tarradellas, Consejero de Gobernación, les conminó a salir el día 17. Al anochecer del 16 los presos fueron divididos en tres grupos: unos salieron en libertad y otros llevados en autocar a la Modelo, mientras el tercero lo condujeron los patrulleros al cementerio de Montcada donde serían ejecutados. Entre éstos se hallaba el Padre Torrent, que, casi ciego, tuvo que ser llevado al autobús por dos jóvenes presos, junto a los que cayó abatido.
Extracto de Crónica Martirial, del Padre Pedro Garcia CMF, siguiendo al Padre Jesús Quibus CMF en su clásica obra Misioneros Mártires, edición de 1949. Tomado del pdf de hispaniamartyr.org; el texto completo del pdf se haya transcrito en la página del grupo