
José Beotti nació en Campremoldo Sotto, una aldea de Gragnano Trebbiense (Piacenza, Italia), el 26 de agosto de 1912, en el seno de una familia de agricultores. En 1925 ingresó en el seminario de Piacenza y fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1938.
Enviado a Borgonovo como coadjutor, se distinguió por su asidua labor caritativa en favor de los necesitados y por el empeño con que se preocupaba de la formación de los fieles, especialmente de los jóvenes.
En 1940 fue trasladado como arcipreste a la parroquia de Sidolo, un pequeño pueblo de montaña, aldea de Bardi. Aquí se dedicó con caridad a las necesidades de todos, indistintamente: partisanos, judíos, soldados, heridos. Era muy apreciado por la gente, que veía su dedicación y generosidad.
Durante la ocupación alemana, en 1943, el régimen decidió requisar las campanas con fines bélicos. Cuando estallaron violentos disturbios en Sidolo, instó a los feligreses a obedecer a las autoridades civiles, pero intentó defender sus derechos. Por ello, fue sometido a un proceso penal, que acabó en nada. Tras el armisticio del 8 de septiembre, el beato dio hospitalidad y socorro a los soldados que huían, a los prisioneros fugados de los campos y a los perseguidos, entre ellos un centenar de judíos.
En 1944, 70 soldados alemanes perdieron la vida durante unos enfrentamientos en Pelosa di Bedonia. En represalia, los soldados destruyeron los pueblos vecinos asaltando toda la zona. Entre el 19 y el 20 de julio llegaron también a Sidolo. El beato decidió quedarse en el pueblo, pasando la noche en la iglesia, rezando. Fue detenido y fusilado el 20 de julio de 1944 en Sidolo, junto con el padre Francesco Delnevo y el seminarista Italo Subacchi, que se habían refugiado con él en la iglesia.
El elemento formal del martirio "ex parte persecutoris" (es decir: la intención de los perseguidores de matar por odio a la fe) es algo complejo. Poco antes de la represión que alcanzó a Sidolo, setenta alemanes habían muerto en enfrentamientos armados con facciones enemigas cerca de Pelosa di Bedonia. En el asesinato del beato jugó un papel decisivo la ayuda que ofreció a muchos judíos perseguidos por los nazis. Para darles refugio, el sacerdote había movilizado a todos sus feligreses, escondiendo y asistiendo a un centenar de judíos en casas de campo de la zona. Los alemanes registraron su casa, pero no encontraron nada y tranquilizaron a Don Beotti; sin embargo, durante una hora esperaron instrucciones del mando general, que tuvo tiempo de sobra para recabar información sobre las acciones del sacerdote. Su asesinato, por tanto, tuvo que estar motivado por el odio de los nazis a los transgresores de su criminal ley antisemita. Estos judíos que huían no eran tropas armadas en guerra, sino personas inocentes y perseguidas. En el caso del padre Beotti, por tanto, debió de ser odio a la caridad projudía reconocida por los verdugos como expresión de la fe cristiana del sacerdote.
En cuanto al martirio formal "ex parte victimae" (es decir: su disposición a morir por la fe), el padre José era consciente de los riesgos que corría. Aunque tenía la posibilidad de huir, decidió permanecer junto a sus feligreses en aquellos difíciles momentos.
La fama de su martirio ha llegado hasta nosotros. Don Francesco Delnevo y el seminarista Italo Subacchi no fueron unidos a la causa por falta de fama de santidad y de martirio.