
María Magdolna Bódi nació el 8 de agosto de 1921 en Szigliget, Hungría. Sus padres, ambos jornaleros agrícolas, no pudieron contraer matrimonio porque el padre, de origen desconocido, carecía de documentos. Aunque inscrita en el registro civil como hija ilegítima, tomó el apellido de su padre, que era un hombre rudo, ateo y aficionado al alcohol. En este contexto social tan precario, bajo la influencia de su madre, probablemente de rito occidental, maduró su formación religiosa, asistiendo asiduamente a la parroquia latina, donde, tras recibir los sacramentos de la Primera Comunión y la Confirmación, se comprometió al servicio de los niños adhiriéndose a la Szívgárda (la Asociación de la Guardia del Corazón), que tenía como objetivo cuidar la educación religiosa de los más pequeños mediante la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Su vida estuvo marcada por el espíritu de la fe, que determinó su práctica sacramental y su ardor apostólico. Siempre nutrió una intensa devoción por la Eucaristía y, en 1938, participó en uno de los numerosos retiros espirituales que se celebraron en su país, en preparación al Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, presidido en mayo de ese año por el cardenal Eugenio Pacelli, futuro papa Pío XII.
La joven vivió plenamente la virtud de la caridad, dedicándose incondicionalmente al servicio de los pobres y de los ancianos desatendidos o abandonados, confiando en la Providencia divina. Hubiera querido abrazar la vida religiosa, pero como ninguna congregación podía acogerla debido a la situación irregular de sus padres, durante un retiro espiritual se consagró a Cristo Rey, haciendo voto privado de castidad perpetua. En 1939 comenzó a trabajar en una fábrica, comprometiéndose con la Asociación de Chicas Trabajadoras con el fin de ofrecer apoyo moral y espiritual a sus compañeras. Con serenidad y firmeza, logró llevar a cabo un paciente apostolado de ambiente, ganándose el respeto de sus compañeros de trabajo y logrando varias conversiones.
Poco después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Ella, junto con sus compañeras, ayudó a muchos ancianos y madres con niños pequeños, asistiendo a los heridos del hospital cercano. Después de que las tropas soviéticas llegaran a su pueblo, fue asesinada el 23 de marzo de 1945 por defenderse de la agresión de un militar ruso.
Al amanecer del 23 de marzo de 1945, las milicias soviéticas llegaron a Litér, el lugar donde vivía. María Magdolna había pasado esa noche junto a su madre y otras personas en el refugio estatal del pueblo. Por la tarde, después de visitar a una mujer enferma y dar de comer a los animales, fue vista fuera del refugio junto con un pequeño grupo de mujeres, entre las que se encontraba su madre, por un soldado ruso que le ordenó que lo siguiera y la llevó a la parte más oscura del búnker. Ella obedeció, aunque era consciente de las malas intenciones del militar hacia ella. Poco después se oyó un disparo procedente del interior del búnker y ella salió invitando a las otras mujeres a huir, consciente de que su agresor pronto la alcanzaría para vengarse de su rechazo y de la herida que, para defenderse y salvaguardar su castidad, le había infligido. El soldado que había intentado abusar de ella subió al techo del búnker y le disparó varias veces, alcanzándola por la espalda y matándola. Murió invocando al Señor. El cuerpo de la joven, al que le habían robado algunas prendas de vestir, el reloj y el collar, fue recuperado por su padre, quien le dio sepultura temporal en el cementerio del pueblo.
Las tropas soviéticas aterrorizaban a la población húngara, saqueando las casas y despojando a las iglesias de sus bienes y ornamentos artísticos, utilizándolos para usos profanos. En aquella época se registraron muchas agresiones a sacerdotes, religiosos y laicos cristianos. Las mujeres que intentaban oponerse a las violaciones eran asesinadas por los soldados agresores.
María Magdolna era consciente del peligro de defender su castidad, ya que desde 1944, cuando se acercaba el frente de guerra a su país, se difundieron noticias sobre las atrocidades cometidas por los soldados soviéticos al entrar en Hungría, ella, ante tal peligro, se declaró decidida a permanecer fiel a su voto de castidad, incluso a costa de su vida.
Su fama de santidad y martirio ha traspasado las fronteras nacionales, gracias también a la labor del Círculo de Amigos de Santa María Goretti, que, en el testimonio de fe de María Magdolna y en su sacrificio extremo para defender su castidad, han visto un paralelismo con la historia de la joven santa italiana.