Como este tipo de documentos es mejor leerlos de primera mano que opinar sobre lo que Zenit o Pikaza dicen que dijo Hans Kúng, dejo aquí el texto completo publicado, creo que ayer, por un periódico nacional.
Estimados obispos,
Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 y 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.
Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.
Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos "anhelaban" la religión de sus conquistadores europeos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.
Este último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez, este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:
- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.
- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.
- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.
- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.
El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.
Sé que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar. Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un "representante de Cristo" absolutista, que reúne en su mano los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la política de restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas, viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.
Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de su voluntad, constituyendo gigantescas "unidades pastorales" en las que los escasos sacerdotes están completamente desbordados.
Y ahora, a las muchas tendencias de crisis todavía se añaden escándalos que claman al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto secreto. Todavía el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito solemne sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo el secretum pontificium, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas. Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora Papa un mea culpa personal. Sin embargo, en Semana Santa ha perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió al decano del colegio cardenalicio a levantar urbi et orbe testimonio de su inocencia.
Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras. Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango. Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo, no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por millones de católicos que carecen de voz.
1. No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!
2. Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.
3. Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.
4. La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que "decirle en la cara que actuaba de forma condenable" (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.
5. Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:
6. Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.
La apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal, revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda, cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario, con "valentía" apostólica (Hechos 4, 29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra iglesia una perspectiva.
Os saluda, en la comunión de la fe cristiana, Hans Küng.
Traducción: Jesús Alborés Rey
fuente: http://.www.elpais.com .
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
No sé si les interesa el tema y el texto, yo quisiera dar una primera impresión muy a vuelo de pájaro, sin profundizar demasiado... me dejó un poco sorprendido de la simpleza; pero no en el sentido evangélico de los "simples de corazón" sino en el sentido más cotidiano de la chatura. De verdad que de Hans Küng me esperaba otra cosa. No es que le falten momentos interesantes, pero el conjunto, la verdad que si me dijeran que viene firmada por un articulista de una revista del periódico dominguero, no me sorprendería.
En fin, creo yo que para seguir charlando, pero vaya esto como para abrir bocado, por si a alguien más le interesa.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
Muchas gracias, Abel, por poner el texto de la carta (que yo desconocía).
La leeré más despacio, pero la primera impresión también para mí es decepcionante.
La primera parte, de tono negativo, suena casi a alcahueteo, echando mano de todas las cuestiones polémicas del pontificado de Benedicto XVI, algunas de ellas ciertamente serias, otras carentes de profundidad y otras incluso claramente demagógicas.
En cambio al llegar a la segunda parte, la de las propuestas, de tono más positivo, parece que la gaseosa ya ha perdido el gas. No me parece que esa parte de lugar para mucha polémica. Es difícil no estar de acuerdo en términos generales: reformas, colegialidad, decir las cosas con libertad...
Lo que no acabo de entender es lo de un nuevo concilio. Con las dificultades que el mismo Kung reconoce que hay para la recepción del último, no termino yo de ver la coherencia interna de la propuesta.
Recuerdo cuando escuchaba mucho acerca del gran HANS KUNG, durante algún tiempo estuve buscando libros de el... y comencé a leer poco a poco algo de su pensamiento, incluso lo entrevistaron aqui en Mexico con motivo del tema del aborto... me pareció de lo mas mundana su manera de expresarse y su pensamiento se me figuro halagador... no veo que quiera profundizar en los temas si no ser reaccionario y abanderado de cosas que creo ni si quiera entiende muy bien, a lo mejor voy muy lejos criticándolo en esto, pero creo que se expresa muy bien como dice Abel, lo veo muy "chato".
Una de las cosas curiosas es que algunos de sus puntos tienen criticas validas... pero otros rayan en el extremismo contrario.. en el izquierdismo extremo (Si imaginaramos a la Iglesia como la derecha)
- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.
El condón es el mejor método contra la lucha del Sida?? o es solo por que es un tema popular y una solución popular?
- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.
Otra respuesta popular...
«Por eso mi corazón se vuelve una y otra vez al Antiguo Testamento: allí se ama y se odia de veras, alli se peca»
Ahora, ambos somos los más ancianos...
Pero algunos envejecen bien, y otros se vuelven caricaturas de sí mismos.
La referencia al Concilio de Constanza es bastante chusca, si no deliberadamente engañosa. Es verdad que ese concilio, el que sostuvo la tesis más "conciliarista" (es decir, la supremacía del Concilio por sobre el Papa) de la historia, figura en la serie de los concilios ecuménicos legítimos (el nº 16), pero también es verdad que fue un concilio controvertido ya en su momento -de hecho, no fue convocado por un papa legítimo sino por uno de los tres antipapas, Juan XXIII (número al que luego reemplazó nuestro Juan XXIII para dejar definitivamente en claro que no había sido papa legítimo), al que a su vez el Concilio depuso, y luego el papa que lo continuó y legítimó, Martín V, no aceptó, ni mucho menos, todos los decretos que el concilio había aprobado mientras no era legítimo...
Dar por sentado que basta con poner en práctica las conclusiones del Concilio de Constanza para que ya se solucionen los problemas de la colegialidad es, o ingenuo, o estúpido o de mala leche.
La colegialidad de la que habla el CVII no es la del Concilio de Constanza (que sí pretendía que la Iglesia tenía como cabeza el Concilio). Es verdad que algunos teólogos en época del CVII querían que se volvieran a editar las tesis del del Constanza, pero no lo consiguieron; no se puede pretender sin más que donde el CVII dice "colegialidad" hay que entenderla en el sentido del C. de Constanza.
Por otra parte, si uno puede agarrarse de Constanza y su conciliarismo extremo, otro podría agarrarse de Vaticano I, que también es un concilio ecuménico legítimamente convocado, y derivar hacia el papismo extremo... Es verdad que muchos en la Iglesia sueñan con uan especie de absolutopapismo, donde el papa dicta palabra por palabra lo que debemos pensar, decir, rezar, esperar, sentir, etc.
Semejante concentración casi estuvo ocurriendo en época de Juan Pablo II, sobre todo en los últimos diez años, creo yo que porque un poco le gustaba a él el monarquismo, y también porque se lo dieron servido en bandeja: hay gente de Iglesia a la que no le gusta ni ser libre ni dejar libres a los demás, así que cada cosa que decía JPII la redoblaban hasta que se volvía obligación sagrada.
Sin embargo, debería notarse, y no creo que Hans Küng no lo note, que este papa actual tiene, desde ese específico punto de vista, completamente otra forma de hacer las cosas, muchísimo más en la línea sinodal atenuada de la que habla el CVII.
Es muy curioso que cuando quiere criticar ese aspecto de Benedicto XVI, el monarquismo, tiene que retrotraerse a la época en que era prefecto, es decir, funcionario de Juan Pablo II, que es a quien verdaderamente hay que atribuirle ese monarquismo. Pero claro, como criticar al papa muerto no daría réditos, es mejor atribuirle al vivo lo que correspondía a la época en que era funcionario del otro. Es decir: que Ratzinger haya firmado en época de Juan Pablo II un decreto sobre el sigilo en la cuestión de los abusos, no demuestra que Ratzinger sea partidario de ello, sólo demuestra que esa fue un tiempo la política que rigió en época de Juan Pablo II, afortunadamente modificada con el cambio de papa, como tantas otras cosas.
Estoy convencido de que muchas cosas que firmaba Ratzinger como Prefecto -insisto: funcionario- no expresan su forma de ver las cosas sino la de Juan Pablo II, y de hecho no tienen continuidad hoy. Una de esas cuestiones es, precisamente, la del sigilo en la cuestión de los abusos.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
Pero algunos envejecen bien, y otros se vuelven caricaturas de sí mismos.
Sí, es cierto.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
Justo ahora se le ocurre largar este escrito?
Porque Él mismo ha manifestado: «ni te soltaré ni te abandonaré»
La lectura de la carta también me ha resultado decepcionante, no tanto por proceder de Küng, de quien no esperaba nada distinto aunque sí algo mejor argumentado, sino por la oportunidad de su publicación en estos momentos tan duros para el Santo Padre. Es lo que tiene el buscar la aprobación del mundo y el orgullo de considerarse a sí mismo el azote de los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI ("su crítico" ).
En la primera parte de la carta, que hace referencia al diagnóstico de la situación, medias verdades cuando no afirmaciones demagógicas. Ciertamente parece un mal articulista de periódico que busca el efecto sensacionalista, más que alguien que se preocupe por la verdad de los hechos, y esto en alguien que es considerado como un gran teólogo, del cual era esperable una mejor argumentación.
Se alinea del lado de los que atacaron al Papa por el discurso de Ratisbona (que curiosamente fueron los integristas islámicos y los partidarios de la violencia terrorista, no los musulmanes moderados que apoyaron al Papa apenas 10 días después), y de los judíos que reprueban a Pío XII (y se niegan a aceptar las evidencias documentales de su ayuda al pueblo judío durante la II Guerra Mundial, desde luego mucho mayor que la que ofrecieron los países aliados) olvidándose en cambio de los judíos que reclaman para Pío XII el título de "justo entre las naciones".
Acusa veladamente al Vaticano de favorecer la extensión del Sida en África por su doctrina acerca del preservativo, cuando la evidencia científica demuestra a todo aquel que no esté cegado por la ideología de que en aquellos países en los que las campañas se han centrado en el preservativo, las tasas de contagios lejos de disminuir, han aumentado. Parece considerar también que el problema de África es la superpoblación, cuando es junto con Oceanía el continente con menor número de habitantes por kilómetro cuadrado. El problema de África no es que los africanos se reproduzcan, sino que occidente explota sus recursos, provoca sus guerras civiles y se niega a distribuir los excedentes alimentarios y los medicamentos que a nosotros nos sobran.
Lo de reconocer la teoría de la evolución parece de chiste. La Iglesia nada tiene que decir en ese aspecto. Y lo de las células madres es una media verdad, pues la Iglesia considera positivo el uso de células madres adultas, que son además las únicas que han dado resultados positivos en la lucha contra determinadas enfermedades, mientras que lógicamente reprueba el uso de células madre embrionarias, que además de ofrecer problemas éticos muy graves, hasta el momento no han resultado eficaces (aunque sí muy rentables económicamente).
En cuanto al ecumenismo,me parecen notables los avances respecto a anglicanos y ortodoxos. Los anglicanos que han vuelto a la Iglesia Católica no lo han hecho por proselitismo católico, sino porque estaban en desacuerdo con las decisiones tomadas por parte de determinados grupos anglicanos en lo referente a la ordenación de mujeres y homosexuales, decisiones que de facto están llevando a la confesión anglicana a la división.
Son frecuentes también las afirmaciones de involución respecto al Vaticano II. Esto me parece poco coherente con la actuación de Ratzinger durante el Concilio, considerado en aquella época como teólogo progresista y, por tanto, favorable a las reformas. Otra cosa es la interpretación que se haga del Concilio, bien en clave rupturista con lo anterior, bien en clave continuista, como "agiornamento". Ratzinger en sus libros siempre se mostró partidario de esta segunda, y creo que siempre ha sido coherente con ella. A mi juicio, son más bien los "rupturistas" los que obstaculizan y retrasan la verdadera implantación del Concilio, pues obligan a la Iglesia a perder mucho tiempo y esfuerzos en combatir abusos.
Todo lo anterior respecto al diagnóstico, en el cual hay puntos acerca de los que no puedo decir gran cosa por falta de información (aspectos sobre la organización interna de la Iglesia, toma de las decisiones, etc).
Ahora voy sobre las soluciones. La primera impresión es la de que se quiere promover la disidencia frente al Papa y la Curia, más que la reforma dentro de un clima de leal colaboración. Se confunde la adhesión al Papa con la sumisión y la "obediencia ilimitada". Me parece cierto que los obispos y las conferencias episcopales gozan de gran autonomía para promover reformas e iniciativas provenientes "desde abajo", y que no pueden poner como excusa su fidelidad al Papa para negarse a cambios necesarios, pero siempre sin llevar esto a un ambiente de confrontación con Roma, que es la que tiene la misión de mantener a la Iglesia unida.
Sobre lo de un nuevo Concilio, estoy de acuerdo con lo señalado por Isaías más arriba. Si aún no ha sido plenamente implantado el Vaticano II, resultaría un poco extraña la convocatoria de uno nuevo, a no ser que se quiera convocar para otro tipo de cuestiones (celibato opcional, ordenación de mujeres, modificación de la doctrina referente a la sexualidad...), cuestiones que más que un Concilio lo que necesitan es una mayor profundización y reflexión, pues implican muchos aspectos que no pueden ser obviados y pueden tener consecuencias indeseables (p.ej. impedir el acercamiento con otras confesiones cristianas).
Bueno, esto es a grosso modo mi primera impresión...
Un abrazo.
Bueno, esto es a grosso modo mi primera impresión...
Y la segunda ¿va a ser aun más sesuda? ![]()
Jajajaja...¿sesuda?...
Isaías, no sabes de lo que Kanbei es capaz. ![]()
Un abrazo, Kanbei. No he leído la carta, ya sabes que para mí es demasiado larga, pero vuestros posts, y el tuyo en especial ahora, están muy bien.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
...efectivamente, soy capaz de lo peor...cómo me conoces...
Kambe, como siempre una delicia leerte.
Me llama la atención que Kung diga que siempre estuvo al servicio de la iglesia, ¿ y como un servicio a la iglesia convoca a todos los obipos del mundo a poner el dedo acusador en el papa, justamente cuando más que núnca deben estar unidos a él? ¿No estará un poco chocho? ¿Habrá redactado el mismo esta carta?
Andrea.
Porque Él mismo ha manifestado: «ni te soltaré ni te abandonaré»
El alzheimer, o cualquier otro tipo de demencia senil, hacen estragos, y, ahora le ha tocado, el turno al viejo, y, no lo digo en sentido cariñoso, digo viejo, porque es viejo, de cuerpo y alma, si no sería viejito, como Benedicto, que es un viejito adorarable, Küng, cuya alma ya nacio vieja, a lo mejor, es una excepcion y es una encarnación de algo, ó de alguien, muy viejo, pues le da, por decir tonterías, chocheces, que no paga la pena ni leer; tampoco rezar por él, porque este va al cielo seguro, van todos los imbeciles, asi que lo tiene asegurado, la verdad cosas sensatas en su vida ha dicho pocas, algunas sí.
Lo dicho, cuidese Küng, sopitas, papitas de maíz, y metase con quien quiera, cuando uno esta, para alla, como usted, se le permite todo, la suerte de ser viejo y loco.
No, entra usted en mi amor al prójimo, y es que yo difiero con Chus, y, no amo a todo el mundo, Él sí, porque es un Joven loco, loquisimo de Amor
Un abrazo
Maite
Resucito, El Señor, resucitemos con Él, Aleluya
Excelente comentario, Kanbei.
¿A quién iremos, Señor? Solo tú tienes palabras de vida eterna
Hans Kung, uno de los noveleros que de jovenes, al ver a la vieja europa destruida por las guerras y reconstruida en pocos años se dijo: ¿y si hacemos lo mismo con la Iglesia?.
- Ya que los fascistas italianos adoraban el latin...., zas, en la practica eliminemos el latin de la Iglesia.
- Ya que Europa en estos años ha visto mucha muerte y destruccion...., zas, bajemos a Cristo de la Cruz, el ya no esta muerto, ha resucitado, pongamoslo con los brazos abiertos....., ¿a lo Superman?, no, no tanto, pero algo parecido, ¿que tal un "Jesucristo Super star".?.
- Ya que la Iglesia esta muy centralizada en Roma...., zas, hagamos que cada quien se ordene y mande a como pueda, dejemos nomas que cada quien organice solucione regionales a los problemas de evangelizacion.
- Ya que la Iglesia vive en un tiempo de avances tecnologicos gigantescos....., zas, eliminemos el pulpito, y hagamos del altar una tarima, y que cada quien, en la Iglesia, pregona al Cristo de sus propias angustias.
.........
Y asi fue como surgieron misas juveniles, grupos como los de la teologia de la liberacion que con fusil en mano quisieron bajar el cielo a la tierra, y tanta noveleria insulsa e incongruente.
A cincuenta años del concilio Vaticano II, estamos viendo cada vez mas claro que es hora de pensar en un nuevo Concilio, el Vaticano II ha colapsado, su modelo de evangelizacion hoy tiene unas troneras cada vez mas grandes.
Esta era de aldea global es el tiempo de la nueva evangelizacion, a la cual hemos de verla no como el epilogo de un caduco Concilio, sino como la aurora que anuncia al nuevo concilio que esta por llegar.
Para el 2037 es probable que estemos hablando de un Nuevo Concilio Ecumenico, desde ya hemos de actuar como para que este vigesimo segundo Concilio Ecumenico aborde temas tales como:
- Conferencias Episcopales de similar tamaño: paises inmensos como Brasil y Mexico deben contar con mas de una conferencia episcopal, paises pequeños deben agruparse en una sola conferencia episcopal, todas las conferencias episcopales con similar numero de fieles.
- Diocesis de tamaño adecuado: olvidarnos del absurdo de esas megadiocesis en las cuales los Obispos no pueden realizar una evangelizacion realmente efectiva.
- Diversificacion de los Obispados Funcionales: toda Conferencia Episcopal, ademas de contar con Obispo Castrense, debe tener: Obispo en Comunicacion Social, Obispo en Educacion, Obispo en Pastoral Universitaria, Obispo en Hospitales, Obispo en Carceles, Obispo en Ciencia y Tecnologia.
- Implantacion de los Consejos Episcopales Parroquiales: la evangelizacion tiene como base a la Parroquia, esta debe en realidad ser la comunidad de comunidades, las iglesias de las comunidades religiosas son eso, no parroquias, en las parroquias, los parrocos, han de llamar a predicadores religiosos para que prediquen acerca de determinados temas puntuales.
- Aumentar el lapso entre la ordenacion de Diacono y de Presbitero: el diacono debera servir durante un lapso de diez años antes de ser considerado para seguir sus estudios para Presbitero, en ese lapso, si desea casarse, opta por el diaconado permanente, caso contrario va a Roma a realizar sus estudios para Presbitero.
- Suprecion de organismos eclesiales ineptos: tales como el CELAM que han demostrado ser puro bla, bla, bla.
Hablar de Nueva Evangelizacion es preparar el camino hacia un nuevo Concilio Ecumenico
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Memento Semper Ascendere.
Chúpate esa, Hans!
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Para el 2037 es probable que estemos hablando de un Nuevo Concilio Ecumenico
Escríbele a Kung, a ver si váis concretando la fecha... aunque creo que a él le parecerá un poco tarde.
Es gracioso esto de hacer concilios para que los demás aprueben lo que uno quiere. Yo pensaba que se hacían para escuchar juntos la voz del Espíritu (lo de juntos no es indiferente, sino esencial). Pero en fin, debo ser un ingenuo incorregible.
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"No os acordéis de lo pasado, no penséis en lo antiguo. He aquí que hago algo nuevo: ya está surgiendo, ¿no lo reconocéis?"
Por si no lo sabes, Julio, los Concilios no caducan. y son la máxima autoridad eclesial. Ciertamente, por encima de la tuya.
¿A quién iremos, Señor? Solo tú tienes palabras de vida eterna