Conmoción, perplejidad e incertidumbre. Eso viven los Argentinos en un verano sudamericano que debía ser tranquilo pero se convirtió en un infierno a causa la extraña muerte de un fiscal que acusó al gobierno de encubrir a los responsables de un atentado terrorista. Los obispos del país se sumaron a esos sentimientos de zozobra, pero instaron a toda la dirigencia política a esforzarse honestamente por encontrar la verdad.
Primero la clamorosa noticia: En medio de las vacaciones, el fiscal Natalio Alberto Nisman presentó una denuncia de 350 páginas en la cual acusaba a la presidente Cristina Fernández de Kirchner y a algunos personajes clave de su entorno de haber alcanzado un acuerdo con Irán “para garantizar impunidad” a los autores del bombazo contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) del 18 de julio de 1994 que dejó 85 muertos.
Luego el balde de agua fría: Apenas unos días después de presentar esa demanda y horas antes de comparecer ante una comisión legislativa, Nisman apareció muerto en su departamento ubicado en un exclusivo barrio de Buenos Aires. El cadáver tenía un disparo en la cabeza. El episodio sumió en el desconcierto al gobierno y en la indignación a la ciudadanía.
A la Conferencia Episcopal le tomó dos días responder. Lo hizo este miércoles, con un comunicado de prensa en la cual los obispos expresaron su “afecto y oración” a toda la familia.
“Como pastores compartimos la conmoción, perplejidad e incertidumbre que en estos días afectan a los argentinos. No obstante, confiamos en las instituciones de la República, para superar las sombras de impunidad que dañan la salud de la democracia. Sentimos la necesidad de hacer un llamado a las autoridades y a toda la dirigencia política a poner todo el esfuerzo, honestidad y capacidad investigativa, para alcanzar la verdad, única base de la justicia”, indicó.
La nota advirtió que la falta de verdad despierta “profunda desconfianza” y “termina dañando el tejido social”. Instó a todos, como nación, estar a la altura de las exigencias judiciales e institucionales, para que este “doloroso acontecimiento” sea esclarecido. Y alentó a mantener serenidad y cautela en los juicios, firmeza y perseverancia en la búsqueda de la verdad.
Y concluyó: “Invitamos a nuestro pueblo a intensificar la oración por la patria en todas las comunidades, como así también a los hermanos de otras confesiones cristianas y otros credos a permanecer unidos en la plegaria. Pedimos a los hombres y mujeres de buena voluntad a unir sus pensamientos a esta causa. Con fe y esperanza, volvemos nuestra mirada a la Virgen de Luján, para que ella nos siga acompañando en la construcción de una patria unida, justa y pacificada”.
Todo esto mientras la prensa del país refleja con insistencia las dudas en torno al suicidio, que se acrecientan con el correr de las horas y con el emerger de pruebas periciales que provocan aún más confusión, como la ínfima cantidad de pólvora en la mano del fiscal y una puerta de servicio abierta. No obstante los magistrados responsables de la investigación todavía mantienen su teoría de la muerte por mano propia, que inicialmente Fernández de Kirchner suscribía pero en las últimas horas también ella comenzó a poner en entredicho.
No casualmente los obispos pidieron un “esfuerzo de honestidad” para que se esclarezca el hecho, porque son conscientes de lo peligrosa que es ya la muerte de Nisman para la estabilidad institucional y política del país. No es casual, tampoco, que el Papa haya recibido con tanta cordialidad a la presidente, en septiembre pasado, para una comida en el Vaticano. Francisco sabe de la fragilidad democrática argentina, sobre todo cuando se registran los fines de ciclo político como el que se apronta a vivir su país en este 2015. Y sabe también que las crisis las terminan siempre pagando los pobres.
por Andrés Beltramo Álvarez