Los jefes de Estado y de Gobierno firmaron en el año 2000, en la sede de la Organización de Naciones Unidas, la Declaración del Milenio, con la que se concretaban los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que pretendían la erradicación de –al menos– la mitad de la pobreza en el mundo, sus causas y manifestaciones para 2015. En este contexto, Manos Unidas celebra el 8 de febrero su Campaña contra el Hambre número 56 bajo el lema “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. De ello, y de su reciente viaje a Burundi, hablamos con la presidenta de la organización, Soledad Suárez.
Campaña número 56. El lema es “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”. ¿Qué pretenden?
En esta campaña de 2015, que coincide con el final del plazo para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), nos pareció bonito unirnos a toda la comunidad para cerrar los ODM en los que hemos trabajado durante los últimos años, para ver cómo había sido nuestra actividad durante este tiempo y, también, para volver a nuestro objetivo principal que es acabar con la pobreza y el hambre en el mundo.
¿Cómo ha trabajado Manos Unidas sobre los ODM?
Cuando trabajas en cooperación –y el objetivo principal es acabar con la pobreza y el hambre en el mundo– nunca puedes estar satisfecho, porque todavía no lo hemos conseguido, aunque estamos en el camino adecuado. Ha sido muy satisfactorio trabajar con el resto de personas para la consecución de estos Objetivos. Ha sido una iniciativa buenísima, primero porque nos hemos unido para reconocer, al menos, que el mundo es injusto y que hay que hacer las cosas de otra manera y, segundo, porque hemos tratado de desarrollar los ODM, a pesar de que reconocemos los fallos que tienen.
¿Cuáles son esas deficiencias?
La principal, como en muchísimas ocasiones, pasa porque nosotros, desde el Norte, creemos que sabemos lo que hay que hacer y, además, creemos saber cómo lo tienen que hacer los pueblos del Sur. Como casi siempre, creemos que somos nosotros los que tenemos la solución a sus problemas. Ese ha sido el principal fallo. En este sentido, Manos Unidas no trabaja así, siempre hemos confiando en que nuestras contrapartes nos digan qué es lo que necesitan para luego apoyarlas y financiar aquello que necesiten.
¿Desde aquí no contamos con las posibilidades de los pueblos del Sur?
Muchas veces. Frente a los problemas que tienen, les planteamos soluciones desde aquí, desde el Norte. Y no funcionan, primero, porque son nuestras y allí no se pueden llevar a cabo. Y, segundo, porque ellos no las asumen como propias, no las hacen suyas, y si ellos no hacen suya la solución, no la van a llevar a cabo. Ese es también el principal problema que tenemos cuando hacemos educación para el desarrollo: no conseguimos que la gente abra su mente para ver cómo es la vida allí, y por eso no hacemos nuestros los problemas. Esto nos pasa con tantas cosas…, con el Ébola, con el sida, con la falta de agua, con la falta de comida. Nos parece inaudito que pasen esas cosas. No terminamos de ser una familia global.
¿Estamos todavía muy distantes unos de otros?
El Papa Francisco habla de la globalización de la indiferencia. En las sociedades desarrolladas tenemos un sistema en el que el beneficio económico es lo único que importa. Eso es también un fallo de los ODM, porque pensamos que solo con dinero se solucionan los problemas, y eso se ha demostrado un error. ¡Claro que estas sociedades necesitan de nuestra colaboración para salir adelante!, pero ese no es el objetivo, la meta es que las personas, las personas, insisto, se desarrollen. Solo así se desarrollarán y serán más justas las sociedades.
Francisco también ha dicho que tenemos que aprender a vivir junto a los pobres. Estamos muy distanciados de los pobres. Nos distanciamos hasta aquí en España. Nos sorprende la pobreza. Nos molesta la pobreza. Queremos ayudar, pero sin implicarnos. Parece que damos cinco euros y estamos comprando un trocito de solidaridad.
En el material de la Campaña dicen que debemos ser valientes al considerar las causas de la pobreza. ¿Eso significa que hemos sido cobardes?
Quizá lo que tengamos es un poco de miedo a la reacción de la sociedad española. Tenemos que ser profetas, la voz que clama en el desierto. Muchas veces es duro ser profeta, porque estás diciendo cosas que la gente no quiere escuchar. Nosotros tenemos muy claras las causas de la pobreza y no nos tenemos que cansar de denunciarlas. Además, desde Manos Unidas, tenemos que hacer este llamamiento desde la esperanza.
Simplificando mucho, ¿la causa de la pobreza de muchos es la riqueza de unos pocos?
Sí, pero una de las cosas de las que tenemos que convencernos es de que por tener más cosas no somos más felices. Y en nuestro caso lo tenemos muy fácil, porque con echar la vista atrás vemos que España no lleva tanto tiempo siendo una nación rica. Y me pregunto si hace 20 años éramos más felices que ahora o no. Y cuando consigamos averiguar dónde ponemos nuestra felicidad y sepamos dónde ponemos tantas cosas como tenemos ahora, no vamos a ser más desgraciados, sino más felices. Sin embargo, me parecen muy peligrosas las simplificaciones en el ámbito del desarrollo, que es un asunto muy complejo, y que hay que mirar de manera integral.
Sí, y en el que se combinan la solidaridad, la justicia, la caridad... Son muchos factores que, en ocasiones, se pueden mezclar sin demasiado conocimiento de lo que hay detrás.
No me gusta cuando la gente te dice ‘Qué agradecidos son’. Y es cierto que son agradecidos, pero parece que les estamos haciendo un regalo con nuestras aportaciones y no es así: de momento estamos haciendo que recuperen la justicia. Juan XXIII y Juan Pablo II nos decían que para llegar a la caridad hay que pasar por la justicia, y soy consciente de que todavía nos falta mucho para llegar a la caridad. Por ahora estamos intentando que se recupere la justicia.
34 de los 48 países menos adelantados son africanos. ¿Qué lugar ocupa África dentro de Manos Unidas?
África es el continente en el que trabajamos en más países, en el que más proyectos tenemos. Ahora, incluso, destinamos más fondos a África que a América, aunque este trabajo no solo se puede medir económicamente. África es un continente que necesita mucho apoyo, mucha esperanza, mucho amor, porque tiene tantas condiciones… Por ejemplo, en Sierra Leona donde después de una guerra tremenda, el Ébola supone un retroceso tremendo para el país.
El wasap de la presidenta
En el teléfono de la presidenta de Manos Unidas hay un grupo de wasap en el que palabras como África, Gitega, misionero o Buyumbura suelen aparecer con frecuencia. Soledad Suárez viajó a Burundi el pasado verano con un grupo de periodistas con los que comparte, desde entonces, las impresiones, los recuerdos, las esperanzas y los proyectos que han vinculado a este equipo de personas con el país centroafricano. En el primer viaje de Suárez a África como presidenta de la organización recibió un regalo, sin duda, singular: una vaca y un ternero que, por obvias cuestiones logísticas y de sentido común, Soledad dejó en tierras burundesas. En concreto, los dos animales fueron regalados, a su vez, a una comunidad de pigmeos en Gitega. De aquellos días, recuerda “un continente africano muy profundo y real”, la cantidad de niños que hay por todas partes, la orografía, los tambores, la gente en la carretera y el trabajo de los misioneros que, claro, no deja indiferente: “Hay que ir y verlo. Es algo que tendríamos que hacer todos. Se han entregado a los demás. Sacan la fuerza no sé de dónde…” Todo eso, y más, en el wasap de Soledad Suárez.
Por Javier Fariñas Martín