«¡Los católicos deberían encontrar la fuerza de hacer preguntas sobre el actual sistema, basado en el enorme poder de la finanza!». Lo dijo hace pocos días el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, presidente de la Caritas Internationalis y coordinador del consejo de cardenales que ayuda al Papa en la reforma de la Curia. El purpurado intervino en la presentación del libro de Andrea Tornielli y Giacomo Galeazzi “Papa Francisco. Esta economía mata”, que se llevó a cabo en el aula magna del Augustinianum. Con Maradiaga, intervinieron el subsecretario en la Presidencia del Consejo italiano, Graziano Delrio, el presidente del Movimiento Cristiano de Trabajadores, Carlo Costalli, y el presidente de Gala Filippo Tortoriello.
Maradiaga agradeció a los autores por la valentía de haber escrito el libro y afirmó: «El secreto mejor guardado es la doctrina social de la Iglesia, ¡poquísimos la conocen! Los que acusan al Papa de ser marxista manifiestan su poco conocimiento de la doctrina social de la Iglesia, sobre la que Papa Francisco funda sus reflexiones. Si se releen algunas homilías de los Padres de la Iglesia –añadió– también algunos de ellos serían definidos marxistas».
«Los católicos deberían encontrar la fuerza –exhortó el presidente de la Caritas Internationalis– para hacer preguntas sobre el sistema actual, basado en el enorme poder de la finanza. La desigualdad, antes o después, provoca violencia. Cuando hablamos de opción preferencial por los pobres, dicen: “Estas cosas son de América Latina, esta es teología de la liberación”. Eso es ceguera», la misma que no permite advertir que en todas partes hay pobres, «incluso en los países europeos».
«Si la economía no es para el hombre, hay que tener la valentía para cambiarla», dijo el purpurado, subrayando cómo actúan los organismos internacionales, primero en América Latina y ahora «en Europa. Hablan de austeridad, pero la austeridad es una virtud cristiana. Las que se exigen son medidas durísimas, que hacen sufrir sobre todo a los más pobres. Por ello sirve el grito del Santo Padre: esta economía es una economía que mata. El origen de la crisis cristiana ha sido la codicia».
El subsecretario Delrio, por su parte, dijo que «el libro y los argumentos que afronta representan una ocasión importante para la economía, porque las palabras del Papa sobre el tema son muy modernas; de hecho, en ellas está toda la substancia de un economista clarividente como Keynes. Bajo este perfil –añadió–, dirigirse a los últimos, además de ser un tema esencialmente ético es un problema de perspectiva de crecimiento».
Carlo Costalli, presidente del Movimiento Cristiano de Trabajadores, que organizó la presentación del libro (con la editorial Piemme y Vatican Insider), recordó que el Papa no se limita «a un llamado, indica también la vía concreta qye hay que recorrer para construir; la vía de la solidaridad. Francisco explica la urgencia y la exigencia de replantear la solidaridad, ya no como simple asistencia para los más pobres, sino como replanteamiento global de todo el sistema, como una búsqueda para encontrar vías para reformarlo y corregirlo coherentemente con los derechos fundamentales del hombre y de todos los hombres».
Para concluir, tomó la palabra el presidente de Gala Tortoriello, que propuso una lectura partiendo de la propia experiencia de empresario. Recordó que la crisis económica se ha «transformada velozmente en una crisis social», y subrayó la importancia del papel de la política, no para volver a la vieja rigidez, sino para no permitir que sean los mercados financieros y la acción especulativa de los grandes bancos mundiales quienes dicten las leyes.
por Paolo Petrini