¿Cuál es la sabiduría del cristiano? Es no juzgar a los demás y acusarse a sí mismo. Lo precisó Papa Francisco en la homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, la primera después de la pausa por los Ejercicios Espirituales de la Cuaresma (que se llevaron a cabo en la casa de los religiosos paulinos de Ariccia).
Según la Radio Vaticana, el Papa dijo que es fácil expresar juicios y «sentencias» sobre los demás, pero solo se es cristiano si se tiene la sabiduría (y la honestidad intelectual) de pensar sobre todo en uno mismo y en los propios errores.
Basándose en las Lecturas de hoy, que se concentran en la misericordia, Papa Bergoglio recordó que «somos todos pecadores», no «en teoría» sino verdaderamente, y subrayó «una virtud cristiana, es más, más que una virtud»: «La capacidad de acusarse a sí mismo». Es el primer paso de quienes quieren vivir como cristianos.
«Todos nosotros –observó– somos maestros, somos doctores en justificarnos a nosotros mismos: “Pero , yo no fui, no, no fue culpa mía; pero sí, no era para tanto, ¿eh?... Las cosas son así”. Todos tenemos coartadas explicativas de nuestras faltas, de nuestros pecados, y muchas veces somos capaces de poner cara de “Yo no fui”, cara de “Pero yo no lo hice, habrá sido otro”: cara de inocente»; pero «así no se avanza en la vida cristiana».
«Es más fácil acusar a los demás», añadió Jorge Mario Bergoglio, pero «sucede una cosa un poco extraña» si se intenta un comportamiento diferente: «Cuando comenzamos a ver de qué somos capaces», al principio «nos sentimos mal, sentimos asco», pero luego esto «nos da paz y salud».
El Papa puso un ejemplo: «cuando encuentro en mi corazón una envidia y sé que esta envidia es capaz de hablar mal del otro y matarlo moralmente», esta es la «sabiduría de acusarse a sí mismo». Pero, continuó, «si nosotros no aprendemos este primer paso en la vida, nunca, nunca daremos pasos en el camino de la vida cristiana, de la vida espiritual».
Por ello, el primer paso es «acusarse a sí mismo. Sin decirlo, ¿no? Yo y mi consciencia. Voy por la calle, paso frente a la cárcel: “Ah, éstos se lo merecen”; “Pero, ¿sabes que si no hubiera sido por la gracia de Dios, tu estarías ahí?”. Esto es acusarse a sí mismo, no esconder a sí mismo las raíces de pecado que hay en nosotros, todas las cosas de las que somos capaces, aunque no se vean».
El Papa subraya otra virtud: avergonzarse ante Dios, en una especie de diálogo en que nosotros reconocemos la vergüenza de nuestro pecado y la grandeza de la misericordia de Dios.
«“A ti, Señor Dios nuestro, la misericordia y el perdón –continuó el Pontífice argentino. La vergüenza para mí y a ti la misericordia y el perdón”. Nos hará bien hacer este diálogo con el Señor esta Cuaresma: acusarse a uno mismo. Pidamos misericordia. En el Evangelio Jesús es claro: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso”. Cuando uno aprende a acusarse a uno mismo, es misericordioso con los demás: “Pero, ¿quién soy yo para juzgarlo, si yo soy capaz de hacer cosas peores?”».
La frase «¿Quién soy yo para juzgar al otro?», afirmó el Papa, obedece precisamente a la exhortación de Jesús: «No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados». En cambio, recordó Francisco: «¡cómo nos gusta juzgar a los demás, hablar mal de ellos!».
«Que el Señor en esta Cuaresma –concluyó– nos dé la gracia de aprender a acusarnos», con la conciencia de que somos capaces «de las cosas más malvadas», y decir: «Ten piedad de mi, Señor, ayúdame a avergonzarme y dame misericordia, así yo podré ser misericordioso con los demás».