«Queridos y queridas colegas, permítanme llamarles así, porque yo también fui maestro como ustedes y conservo un hermoso recuerdo de los días que pasé en el aula con los estudiantes». Papa Francisco recordó que también él fue un profesor durante la audiencia a la Uciim (Unión Católica Italiana de Enseñantes, Dirigentes, Educadores y Formadores medios), asociación fundada en 1944. El Pontífice afirmó que «enseñar es un trabajo hermosísimo, porque permite ver crecer día a día a las personas que son encomendadas a nuestro cuidado. Es un poco como ser padres, por lo menos espiritualmente. Es una gran responsabilidad». «Enseñar –añadió– es un compromiso serio, que solo una personalidad madura y equilibrada puede adquirir, un compromiso que puede generar temores, pero es necesario recordar –subrayó– que ningún maestro está solo: siempre comparte el propio trabajo con los demás colegas y con toda la comunidad educativa a la que pertenece».
Sobre la escuela italiana en particular, Francisco recordó que cuando la Uciim nació, en 1944, «Italia todavía estaba en guerra. ¡Desde entonces ha andado bastante camino! También la escuela ha caminado mucho. Y la escuela italiana siguió adelante también gracias al aporte de su Asociación, que fue fundada por el profesor Gesualdo Nosengo, un profesor de religión que sintió la necesidad de reunir a los maestros de secundaria de entonces, que se reconocían en la fe católica y que trabajaban con esta inspiración en la escuela». En 70 años –añadió Bergoglio– Italia ha cambiado, la escuela ha cambiado, pero siempre hay maestros dispuestos a comprometerse en la propia profesión con ese entusiasmo y esa disponibilidad que nos da la fe en el Señor».
Efectivamente, explicó, «como Jesús nos enseñó, toda la Ley y los Profetas se resumen en dos mandamientos: ama al Señor, tu Dios, y ama al prójimo. Nos podemos preguntar: ¿quién es el prójimo para un maestro? ¡El “prójimo” son sus estudiantes! Pasan con ellos todos sus días. Son ellos quienes esperan una guía, una orientación, una respuesta».
El Papa invitó a los profesores a «amar más a los estudiantes “difíciles”, los que no quieren estudiar, los que se encuentran en situaciones de disgusto, los discapacitados y los extranjeros, que hoy son un gran desafío para la escuela. Y hay varios que hacen perder la paciencia».
Papa Bergoglio también reconoció y subrayó que el del maestro «es un trabajo hermosísimo, pero, desgraciadamente, mal pagado». Siguió un aplauso encendido. «Esto es una lástima, porque no es solo el tiempo que empeñan allí en la escuela, después tienen que prepararse, pensar en cada uno de los alumnos, cómo ayudarlos a seguir adelante. Es cierto –insistió–, es una injusticia; yo tengo presente mi país, que es el que mejor conozco: pues bien, los profesores, para tener un salario que sea útil en serio, tienen que hacer por lo menos dos turnos, ¿pero cómo es posible con un empeño de dos turnos?».
«Si hoy –continuó– una Asociación profesional de maestros cristianos quiere testimoniar la propia inspiración, es llamada a comprometerse en las periferias de la escuela, que no pueden ser abandonadas a la marginación, a la ignorancia, a la mala vida. En una sociedad a la que le cuesta encontrar puntos de referencia, es necesario que los jóvenes encuentren en la escuela una referencia positiva. La escuela puede serlo o puede llegar a serlo si en su interior hay maestros capaces de dar un sentido a la escuela, al estudio y a la cultura, sin reducir todo a la transmisión de conocimientos técnicos, sino apostando por construir una relación educativa con cada uno de los estudiantes, que deben sentirse amados y acogidos por lo que son, con todos sus límites y todo su potencial. En esta dirección, su labor es más necesaria que nunca. Y ustedes deben enseñar no solo los contenidos de una materia, sino también los valores de la vida y las costumbres de la vida. Son las tres cosas que deben transmitir». Y después, Francisco afirmó: «para transmitir contenidos es suficiente una computadora; para entende cómo se ama, cuáles son los valores y uáles las costumbres que crean armonía en la sociedad se necesita un buen maestro».
El Papa indicó el ejemplo de un santo como modelo a seguir: «La comunidad cristiana tiene muchísimos ejemplos de grandes educadores que se dedicaron a colmar las carencias de la formación escolar o a fundar escuelas. Pensemos, entre otros, en San Juan Bosco, de quien se cumple este año el bicentenario de su nacimiento. Y él aconsejaba a sus sacerdotes: eduquen con amor. La primera actitud de un maestro es el amor».
Los maestros están por naturaleza «abiertos al futuro, porque siempre hay nuevas generaciones de jóvenes a los que deben transmitir el patrimonio de conocimientos y de valores. A nivel profesional es importante actualizar las propias competencias didácticas, también considerando las nuevas tecnologías, pero la enseñanza no es solo un trabajo; es una relación en la que cada maestro debe sentirse absolutamente involucrado como persona, para dar sentido a la labor educativa hacia los propios alumnos».
«Los animo –exhortó el Papa al final de su discurso– a renovar su pasión por el hombre; no se puede enseñar sin pasión; nunca, nunca cerrar las puertas; ábranlas de par en par todas, para que todos los estudiantes tengan esperanza».
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