«Para derrotar el terror del EI, cada uno debe llevar a cabo un acto de caridad de más». Es el llamado que lanzaron esta mañana los familiares de David Haines y Alan Henning, los dos rehenes británicos decapitados en Siria respectivamente el 13 de septiembre y el 3 de octubre de 2014. Mike Haines, hermano de David, y Barbara Henning, esposa de Alan, quisieron reunirse con el Papa para ofrecer el testimonio, juntos, del «mensaje de unidad entre los pueblos», mismo que habían hecho ya en una carta abierta, según indicó “L’Osservatore Romano”. Pretendían también llamar a continuar «operando por el bien, sobre todo en donde hay mayor necesidad». Los acompañaban durante la audiencia, entre otros, el embajador británico ante la Santa Sede, Nigel Baker, y el imán de Londres Shah Nawaz Haque.
«Mi hermano –dijo Mike Haines– estaba muy entusiasta con su trabajo como operador humanitario: ayutaba a quien lo necesitara sin importarle la raza o la religión». Militar de carrera, había elegido el servicio de voluntariado después de haber estado en los Balcanes. También estuvo en Líbano y en Sudán del Sur. Después partió hacia Siria, a pesar de que estuviera casado y de tener dos hijos, «con alegría y con la única esperanza de estar al lado de los más pobres». Era el mismo espíritu que animaba a Alan Henning, recordó su esposa, en nombre de los hijos: «A nosotros nos toca impedir que las acciones violentas de pocas personas obstaculicen la unidad entre la gente de cualquier religión». Dijeron a Francisco que se comprometen con su empeño en la promoción de acciones de caridad para derrotar el odio: «Esos asesinos no nos harán dejar de creer en lo que llevó a la muerte a nuestros seres queridos: el servicio a los más necesitados».
Fue muy importante, para reforzar este testimonio, la presencia en la Plaza San Pedro de los líderes musulmanes que ayer participaron en el encuentro Católicos y chiitas. Responsabilidad de los creyentes en un mundo global y plural, organizado por la Comunidad de Sant’Egidio y la Imam al-Khoei Foundation, fundación internacional cercana a la mayor autoridad del islam chiita iraní, el ayatollah Alí Sistani. Un encuentro que fue definido como «histórico» por ambas partes y que pretende «reforzar la vía del diálogo en contra de la violencia del extremismo».
El contenido de estos diálogos fueron entregados al Papa esta mañana por una delegación de líderes religiosos chiitas de Irán, Irak, Líbano, Arabia Saudita, Bahrein y Kuwait. En el diálogo no faltó una clara denuncia «contra el terrorismo religioso que difunde en el mundo una imagen aterradora de la religión musulmana», explicó el libanés Mohamed Hassan Al-Amine. «Musulmanes y cristianos deben trabajar juntos por la paz», fue el comentario de Waleed Faraj Allah, de la facultad teológica iraquí de Kufa.