Entre Roma y el grupo que fundó Lefebvre todavía hay un abismo. Lo demuestra la reacción de la Fraternidad San Pío X ante las palabras del obispo Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, quien en una entrevista con Imedia habló de «problemas internos» en el grupo de los lefebvrianos. Además indicó que será necesario un poco de tiempo «para que se aclaren las cosas en su interior» y para que su superior, monseñor Bernard Fellay, «pueda obtener un consenso lo suficientemente amplio antes de llevar a cabo el gesto» de la reunificación en la plena comunión con la Iglesia católica.
Después de la consagración ilegítima, el pasado 19 de marzo en Brasil, de un nuevo obispo por parte de Richard Williamson (uno de los cuatro obispos consagrados en 1988 por el arzobispo Marcel Lefebvre sin el mandato papal, conocido por sus afirmaciones negacionistas sobre el Holocausto y que fue alejado de la Fraternidad San Pío X en 2012, cuando el mismo grupo publicó un significativo comunicado de prensa en el que expresaba su distancia de las palabras del obispo), los lefebvrianos recordaron en una nota, evaluada positivamente en el Vaticano, que tanto Williamson como el nuevo consagrado Jean-Michel Faure «ya no son miembros de la Fraternidad San Pío X respectivamente desde 2012 y 2013, debido a las ásperas críticas que formularon en contra de cualquier relación con las autoridades romanas».
«La Fraternidad San Pío X –decía el comunicado– denuncia la consagración episcopal de don Faure que, a pesar de las afirmaciones del consagrador y del consagrado, no se parece mínimamente a las consagraciones de 1988. En efecto, todas las delcaraciones de mons. Williamson y de don Faure demuestran con evidencia que ellos ya no reconocen a las autoridades romanas, si acaso solamente de manera retórica».
Después de estos eventos, que demuestran la existencia de tensiones internas en el mundo de los seguidores de mons. Lefebvre (a quien cita en su defensa el expulsado Williamson), el obispo Pozzo, que se ha encargado de cerca los contactos de la Santa Sede con la Fraternidad, respondió en la entrevista para explicar cuál es la situación actual del proceso de negociaciones que que comenzó por voluntad de Juan Pablo II en 2000 y se concretó durante el Pontificado de Benedicto XVI, el Papa que trató de ir al encuentro de las peticiones de la Fraternidad San Pío X en varias ocasiones, aceptando las precondiciones que propuso Fellay: la liberalización de la misa antigua según el misal que se usaba en 1962, antes de las reformas post-conciliares (2007); la anulación de las excomuniones en las que habían incurrido “latae sententiae” en 1988 los cuatro obispos consagrados por Lefebvre y el mismo fundador de la Fraternidad.
La última reacción de los lefebvrianos indica que las palabras de mons. Pozzo son demasiado optimistas y niega la frase sobre los problemas «internos» de la Fraternidad. Problemas y tensiones innegables, como lo demuestra la salida de Williamson y otros, que acusan a la Fraternidad y a sus responsables de someterse demasiado a los designios de Roma, a pesar de que todavía no haya habido ningún acuerdo.
La Santa Sede entregó a mons. Fellay un preámbulo doctrinal para que lo aprobara: después de haber respuesto afirmativamente a las dos precondiciones y después de haber entablado profundos diálogos doctrinales, Papa Ratzinger pidió a la Fraternidad San Pío X que aceptara una lectura del Concilio Vaticano II según la hermenéutica de la reforma en la continuidad. Roma había incluso estudiado una forma canónica para la Fraternidad, que habría sido convertida en una prelatura personal, dependiendo en última instancia del Papa, y habría mantenido el uso del misal antiguo.
Las últimas delcaraciones demuestran nuevamente que el verdadero problema, en las relaciones entre Roma y los lefebvrianos, no es la interpretación del Concilio, sino el Concilio mismo: la Fraternidad parece efectivamente considerar inaceptables algunos de sus documentos. Pero esos documentos fueron aprobados prácticamente por unanimidad por todos los obispos de la Iglesia católica (y en muchos casos el mismo Lefebvre) en comunión y bajo la guía del Papa Pablo VI. Si la última y verdadera condición para el acuerdo es que toda la Iglesia católica en comunión con el Papa vuelva a la situación pre-Conciliar y reconozca que la Fraternidad San Pío X siempre ha tenido razón en sus posiciones doctrinales, las perspectivas de unidad parecen alejarse cada vez más.