Papa Francisco condenó firmemente la masacre que llevó a cabo un comando de los Shabaab somalíes en el Campus universitario de Garissa en Kenya, en donde fueron asesinados 147 estudiantes y muchos otros quedaron heridos o están desaparecidos. El Pontífice intervino enviando un mensaje al cardenal John Njue, presidente de la Conferencia Episcopal del país africano y arzobispo de Nairobi. Papa Bergoglio se dijo «profundamente entristecido por la inmensa y trágica pérdida de vidas provocada por el reciente ataque en el Garissa University College», se lee en el texto escrito en inglés y enviado en nombre del Papa por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin.
Francisco asegura en el mensaje «sus oraciones y su cercanía espiritual a las familias de las víctimas y a todos los keniotas, en este tiempo doloroso. Él –prosigue el texto– encomienda las almas de los difuntos a la infinita misericordia de Dios Omnipotente, y reza para que todos los que están de luto sean consolados por sus pérdidas. En unión con todas las personas de buena voluntad en todo el mundo –prosigue el mensaje– Su Santidad condena este acto de brutalidad sin sentido y reza por un cambio en los corazones de quienes lo han perpetrado».
Además, el Pontífice «pide también a todas las autoridades redoblar los esfuerzos y trabajar con todos los hombres y mujeres de Kenya para poner fin a tal violencia y odio, hacia el alba de una nueva era de fraternidad, justicia y paz».
El ataque contra los cristianos en el Campus de Garissa no era una sorpresa. La comunidad ya había recibido amenazas. Lo refirió el padre Nicolás Mutua, párroco en Garissa. «Me lo esperaba, porque habíamos recibido amenazas», indicó el sacerdote a la Radio Vaticana. La policía protege normalmente las misas, pero «nunca estoy tranquilo», añadió.
El párroco de Garissa indicó que el temor de que se pudiera verificar un acto como el de ayer ya existía. «Se había dicho que había que tener cuidado, porque lo habrían llevado a cabo y lo hicieron ayer». No fueron suficientes las precauciones que se tomaron. «Fuimos a las estaciones de policía –indicó el padre Mutua– para dar los horarios de las misas, porque normalmente se ofrece seguridad en nuestras Iglesias para nuestra protección personal durante la Misa. Normalmente estamos protegidos cada vez que hay una misa: no podemos celebrar sin tener una protección personal, porque llegan mientras nos encontramos en la Iglesia».
Pero ahora hay mayores tensiones: «No estoy tranquilo, cuando trabajo, porque no sé qué podría pasar. Y no solo porque sea un cristiano, sino también por el simple hecho de condenar este acto. Hay algunos colegas y amigos, que son musulmanes y han muerto: fueron asesinados porque denunciaron y hablaron sobre lo que está pasando, y nadie hizo nada». El párroco concluye: «No se puede matar en nombre de Dios».