Papa Francisco no tiene dudas: quienes no saben hablar y al mismo tiempo escuchar no obedecen al Señor y quieren hacer callar a los que predican la novedad de Dios. Lo afirmó hoy en la homilía durante la Misa matutina en la Capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.
El Pontífice reflexionó sobre la liturgia del día que afronta el tema de la obediencia: «Muchas veces nos lleva por una vía que no es la que creo que debería ser, hay otra», dijo Jorge Mario Bergoglio. Pero, ¿qué significa obedecer? Es «tener el valor de cambiar el camino, cuando el Señor nos lo pide». «Quien obedece tiene la vida eterna», y para quien no obedece, añadió, «la ira de Dios permanece sobre él».
En la Primera lectura de hoy, de los Hechos de los Apóstoles, los sacerdotes y los líderes ordenan a los discípulos del Hijo de Dios que no prediquen el Evangelio al pueblo: se enojan, están «llenos de celos» porque ven que los milagros se cumplen, que el pueblo los sigue «y el número de los creyentes crecía». Entonces los encarcelan, pero durante la noche, el Ángel de Dios los libera y vuelven a anunciar el Evangelio. Los detienen e interrogan nuevamente: Pedro responde de esta manera a las amenazas del sumo sacerdote: «Hay que obedecer a Dios y no a los hombres». Pero los sacerdotes no entendían.
Sin embargo, estos «eran doctores», observó Francisco, «habían estudiado la historia del pueblo, habían estudiado las profecías, habían estudiado la ley, conocían así toda la teología del pueblo de Israel, la revelación de Dios, sabían todo, eran doctores, y fueron incapaces de reconocer la salvación de Dios. Pero, ¿por qué esta dureza de los corazones? Porque no es una simple testarudez. La dureza está aquí... Y se puede preguntar: ¿cuál es el recorrido de esta testarudez, pero total, de cabeza y de corazón?». «La historia de esta testarudez, el itinerario –prosiguió el Papa–, es el de encerrarse en sí mismos, es el de no dialogar, es la falta de diálogo».
«Estos no sabían dialogar –dijo–, no sabían dialogar con Dios, porque no sabían rezar ni escuchar la voz del Señor, y no sabían dialogar con los demás. “Pero, ¿por qué interpretas esto de esta manera?”. Solo interpretaban la ley para hacerla más precisa, pero estaban cerrados al plan de Dios en la historia, estaban cerrados a su pueblo, a su pueblo. Estaban cerrados, cerrados. Y la falta de diálogo, esta cerrazón del corazón, los llevó a no obedecer a Dios». Y este es el «drama de estos doctores de Israel, de estos teólogos del pueblo de Dios: no sabían escuchar, no sabían dialogar. El diálogo se hace con Dios y con los Hermanos».
La característica de una persona que no sabe dialogar, que «no está abierta a la voz del Señor, a los signos que el Señor hace en el pueblo», es la «furia y el deseo de hacer callar a todos los que predican en este caso la novedad de Dios, es decir que Jesús resucitó. No tienen razón, pero llegan a esto. Es un itinerario doloroso. Estos son los mismos que pagaron a los custodios del sepulcro para decir que los discípulos habían rodabo el cuerpo de Jesús. Hacen de todo para no abrirse a la voz de Dios».
Francisco concluyó su homilía invitando a rezar «por los maestros, por los doctores, por los que enseñan al pueblo de Dios, para que no se cierren, para que dialoguen y se salven de la ira de Dios, que, si no cambian de actitud, pemanecerá sobre ellos».
Hoy Benedicto XVI cumple 88 años. Un feliz aniversario que el Papa emérito transcurre en el monasterio “Mater Ecclesiae” en el Vaticano, en donde vive en oración después de la renuncia al ministerio petrino. Son tantas las felicitaciones que a través de las redes sociales están llegando a Joseph Ratzinger. Y esta mañana el Papa Francisco ofreció la misa matutina en la casa de Santa Marta por su predecesor. Éstas fueron sus especiales palabras: «Quisiera recordar que hoy es el cumpleaños del Papa Benedicto XVI. He ofrecido la misa por él y también los invito a rezar por él, para que el Señor lo sostenga y le de tanta alegría y felicidad».