«Nadie tiene una bola de cristal para leer el futuro. Pero, a pesar de ello, después del enésimo y desastroso naufragio de cientos de migrantes en el canal de Sicilia, no podemos permitirnos dormir tranquilos». Lo afirmó el padre Giulio Albanese, misionero comboniano y director de “Popoli e Missione”, la revista de las Pontificias Obras Misioneras, que conoce muy bien la realidad africana.
Ayer, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, en vista del Consejo de Europa extraordinario, expuso la propuesta italiana. Después de haber excluido «cualquier hipótesis de intervención militar en Libia», Renzi habló de «intervenciones precisas» en contra de los traficantes para «llevar ante la justicia a estos criminales». ¿Cuál es su opinión?
Creo que es una expresión bastante enigmática. ¿De qué se trata? Algunos dicen que podría estar considerando incursiones de las fuerzas de policía en las madrigueras de los traficantes en las costas libias y en sus embarcaciones. Todo ello en el ámbito de una operación naval europea siguiendo el modelo de la que se utiliza contra la piratería somalí. Otros creen incluso que podrían utilizarse drones inteligentes.
¿Sería una solución adecuada?
Desde mi punto de vista, y teniendo en cuenta lo que está sucediendo en Libia, estas iniciativas implican el riesgo de agudizar la de por sí difícil situación. Las milicias locales son imprevisibles y estas llamadas “acciones precisas” exponen a nuestro país a acciones terroristas. Entre otras cosas, está por comenzar la Expo de Milán y el Año Santo está a la vuelta de la esquina.
Las propuestas que se formulen durante el Consejo Europeo serán dos: el compromiso de la UE para llevar a cabo «esfuerzos sistemáticos con el fin de identificar, capturar y destruir las embarcaciones antes de que sean utilizadas por los traficantes» y duplicar los recursos para la operación de patrulla en el Mediterráneo, llamada Tritón. ¿Qué opina?
En lo personal, suscribo lo que declaró mons. Giancarlo Perego, director de la Fundación Migrantes de la Conferencia Episcopal Italiana. Es escandaloso que la política europea sobre la inmigración no evalúe inmediatamente operaciones y acciones para reforzar la búsqueda y el salvamento en el mar y siga favoreciendo operaciones de vigilancia de las fronteras. La lucha contra los traficantes de seres humanos, vinculados a las mafias europeas y al terrorismo internacional, pasa mediante la puesta en marcha de una acción que conjuge el salvamento de las personas con la lucha contra el tráfico. Por ello, explicó mons. Perego, es necesario crear una operación de control del Mediterráneo hasta las costas libias, con la participación de las organizaciones internacionales, sobre todo para salvar la vida de las personas en el mar.
Y entonces, ¿qué hay que hacer para responder a la emergencia?
Una cosa es evidente: se necesita que las instituciones europeas asuman sus responsabilidades antes de que sea demasiado tarde. Antes que nada, es fundamental estabilizar políticamente el África Septentrional y el África Subsahariana. Este debe ser el desafío que Bruselas debe saber interpretar con perspicacia. Invirtiendo recursos y garantizando apoyo a esos sujetos que con sus actividades hacen del pluralismo y de la participación una práctica difundida. Todo ello, y hay que denunciarlo, no está sucediendo debido a la miopía crónica de las cancillerías europeas. Libia, por ejemplo, solo cuenta en el imaginario europeo cuando se trata de los negocios de los hidrocarburos. ¿Es posible que en estos años hayan sido las compañías petrolíficas las que hayan dictado las reglas del juego?
¿Podría indicar propuestas concretas?
Es inmoral impedir que migre quien huye de guerras y pandemias. Por ello es necesario crear corredores humanitarios, como ha indicado la sociedad civil y en particular el mundo misionero. Y luego, ¿por qué no extender la posibilidad de pedir asilo en los países nordafricanos, y de ahí hacia todos los países europeos (tal vez revisando el reglamento europeo de Dublín, hasta ahora en vigor, que obliga a los migrantes a pedir asilo en el país al que llegan)? Es inútil negarlo, si no se ponen en discusión las políticas actualmente vigentes de cada uno de los Estados de la UE en materia de estatus de refugiado y de asilo político, Europa seguirá siendo rehén de los nacionalismos más necios. En las descripciones geográficas de los romanos, esos enormes territorios del África del Norte estaban marcados con las siguientes palabras “Hic sunt leones” (“Aquí hay leones”). De hecho, ese era el único concepto aproximativo que nuestros antepasados podían expresar frente a lo desconocido, una frontera que frustraba sus manías coloniales. Hoy, a dos mil años de distancia, por favor, no podemos seguir razonando como si fuéramos los dueños del mundo. Hoy más que nunca es necesario que Europa sea capaz de tomar una decisión de civilización. Olvidar que los problemas de las periferias del mundo, en donde se combaten guerras sangrientas en nombre del “dios dinero” o en donde abundadn regímenes dictatoriales que defienden, siempre y de cualquier manera, intereses facciosos, significa verdaderamente estar fuera del tiempo y de la historia. Sobre todo, para decirlo citando a Papa Francisco, secundar la “globalizaciónde la indiferencia” es un gravísimo entuerto contra Dios y contra el hombre.
por Andrés Tornielli