La música sacra como ayuda para la fuerza creativa de la fe. Un tema muy importante para Benedicto XVI, que recibió hoy dos doctorados “honoris causa” en Castel Gandolfo, a donde se transfirió para pasar un periodo de reposo. “que el gran don de la música que proviene de la tradición de la fe cristiana -dijo el Papa emérito en su discurso de agradecimiento- quede vivo y sea de ayuda para que la fuerza creativa de la fe no se extinga”
Los doctorados “honoris causa” le fueron conferidos por la Pontificia Universidad “Juan Pablo II” de Cracovia y por la Academia de Música de Cracovia. Le entregó ambos reconocimientos el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia y Gran Canciller de la Pontificia Universidad Juan Pablo II.
“Me alegra sobre todo el hecho de que de esta manera se ha vuelto mucho más profundo mi vínculo con Polonia, con Cracovia, con la patria de nuestro gran santo Juan Pablo II -observó Ratzinger. Porque sin él mi camino espiritual y teológico no sería ni siquiera imaginable. Con su ejemplo vivo, él nos mostró cómo pueden ir de la mano la alegría de la gran música sacra y la tarea de la participación común en la sacra liturgia, la alegría solemne y la sencillez de la humilde celebración de la fe”.
Benedicto XVI reflexionó sobre el tema de la música: “Permanece indeleblemente impreso en mi memoria cómo, cuando apenas comenzaban a escucharse las primeras notas de la Misa de coronación de Mozart, el cielo casi se abría y se experimentaba muy profundamente la presencia del Señor”. Hablando con una pasión encendida, el Papa emérito explicó que la música surge de “la experiencia del amor”, pero también de aquella “tristeza del ser tocados por la muerte, por el dolor y los abismos de la existencia”. Al final, indicó, “el tercer lugar de origen de la música es el encuentro con lo divino, que desde el principio es parte de lo que define a lo humano. Tal vez es posible afirmar que en realidad también en los otros dos ámbitos, el amor y la muerte, el misterio divino nos toca y, en este sentido, es el ser tocados por Dios lo que constituye en conjunto el origen de la música”.
Claro, reconoció Ratzinger, la belleza de las artes está presente en todas las culturas y religiones, pero “en ningún otro ámbito cultural hay una música de grandeza igual a la que nació en el ámbito de la fe cristiana: desde Palestrina, Bach, Handel hasta Mozart, Beethoven Bruckner. La música occidental es algo único, que no tiene igual en otras culturas”.
Por su parte, el cardenal Dziwisz expresó toda su alegría y agradecimiento, diciendo que el hecho de que el Papa emérito hubiera aceptado de forma excepcional estas distinciones representa un “signo de la estima que Su Santidad siempre ha tenido por san Juan Pablo II. Él personalmente, el Papa santo, siempre estuvo lleno de agradecimiento hacia su colaborador más cercano, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Estamos seguros de que ahora él nos ve desde lo alto y se alegra de nuestro encuentro”.