Han pasado 70 años desde el lanzamiento de las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki, en donde perdieron la vida decenas de miles de personas, mientras otras sufrieron por la radiación y sus efectos, que duraron años y años. Todavía en la actualidad hay alrededor de 16 mil dispositivos nucleares, capaces de provocar tragedias indescriptibles para todo el género humano.
Por este motivo, la Comunidad de Sant’Egidio, en compañía de las asociaciones religiosas japonesas de mayor autoridad, ha organizado todo un día (el 6 de agosto, en Hiroshima) dedicado a la reflexión y el debate entre los líderes de las religiones y expertos en la materia, japoneses y de todo el mundo, para identificar cuáles son los pasos más urgentes y necesarios para llegar al desarme de cualquier arsenal nuclear. Porque, a 70 años, todavía hay demasiados en los diferentes continentes, y esto representa un escándalo para toda la humanidad. El congreso tendrá el objetivo de trazar una agenda para la promoción del desarme y la prohibición de las armas nucleares, que será propuesta a diferentes instituciones internacionales.
En un mundo globalizado, pero cada vez más fragmentado, asistimos al crecimiento de los conflictos en diferentes zonas del mundo. Es necesario un nuevo compromiso para la construcción de la paz, que parta de una colaboración amplia entre las religiones, las culturas, la política y la economía. No hay que olvidar el dolor del pasado, porque no hay futuro sin memoria; pero el recuerdo del pasado no debe convertirse en motivo de venganza, sino en una lección para crear un futuro diferente.
El encuentro fue organizado por la Comunidad de Sant’Egidio, en colaboración con el Religions for Peace Japan y el Japan Religious Committee for World Federation, con el patrocinio della ciudad de Hiroshima, de la Association of Religions of Hiroshima Prefecture y de la Embajada de Italia en Japón. Durante el congreso intervendrá uno de los que sobrevivieron a la bomba atómica. Y además habrá un momento solemne de Oración por la Paz y una ceremonia final con la procesión de las linternas en el río que se encuentra al lado del memorial del 6 de agosto de 1945.