El día de la apertura del Sínodo sobre la familia, el lunes 5 de octubre, estuvo marcado por las presiones de «lobbies» exteriores e interiores que hicieron prevalecer lógicas «de conspiración». Las definió de esta manera, y sorpresivamente ante todos los padres sinodales, Papa Francisco. ¿Qué sucedió verdaderamente durante las primeras 24 horas del Sínodo, a pesar de que Bergoglio hubiera invitado a una mirada de fe, evangélica, explicando que la confrontación entre los obispos no debía parecerse a un debate parlamentario?
Desde la primera conferencia de prensa con los periodistas, se dijo que algunos padres sinodales habían puesto en discusión el método de trabajo establecido para la asamblea. En realidad, ha podido constatar Vatican Insider, hubo una acusación muy fuerte. En resumidas cuentas, trece padres sinodales, cardenales y obispos, dieron a entender que el Sínodo estaba, de alguna manera, «piloteado» por la Secretaría general (y en última instancia por el Papa), para que tomara una dirección aperturista. Fueron dos las quejas concretas: la hipótesis de que los moderadores y relatores de los «circuli minores» fueran designados por la Secretaría, es decir ‘desde arriba’, con nombramientos capaces de influir en el debate. Y la falta de una elección para designar a los miembros de la comisión encargada de escribir el documento final.
Es interesante notar que desde el exterior de la asamblea otros eclesiásticos y determinados círculos periodísticos (relacionados estrechamente con los primeros) hayan repetido desde hace semanas que habría sido un Sínodo «piloteado» con el objetivo de «poner en riesgo» la «doctrina tradicional» sobre el matrimonio. El más duro en el aula ha sido el cardenal George Pell, que repitió en su intervención el contenido de un artículo de la revista estadounidense «First Things», firmado con el pseudónimo de Xavier Rynne II. Los trece padres sinodales que apoyan la teoría de la conspiración pidieron cuentas a Francisco.
La respuesta llegó el martes 6 de octubre por la mañana, sobre todo con la intervención del cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario general del Sínodo, quien confirmó que los moderadores y relatores de los «circuli minores» habrían sido elegidos por los mismos padres sinodales, como sucedió el año pasado, y que no habrían sido designados ‘desde arriba’.
En segundo lugar, el mismo purpurado tuvo que recordar que la redacción del texto final, en los Sínodos anteriores a este Pontificado, se encomendaba normalmente a un grupo muy restringido compuesto por tres o cuatro personas de la Secretaría del Sínodo. Fue justamente Francisco el que, hace un año, quiso ampliarlo, incluyendo a un padre sinodal por Continente y llevando a 10 el número de sus miembros. Y, como sucedió en octubre de 2014, se hará de la misma manera ahora. Así pues, el año pasado no hubo tampoco ninguna votación para designar a los miembros de esta comisión que se ocupa de la redacción de la relación final de la asamblea. Los que apoyan las teorías de conspiraciones cometieron un error al confundir esta comisión con el comité que debe escribir el mensaje del Sínodo al mundo, un breve texto (que, además, este año fue abolido) que no tiene nada que ver con el denso documento final en el que se da cuenta de todas las intervenciones y que es votado por todos los padres para después ser entregado como una propuesta al Papa.
Es decir, nada de complots. Después de que Baldisseri desmintiera estas teorías, tomó la palabra, sorpresivamente, el mismo Papa Francisco. No se había programado una intervención suya, pero era evidente que quería responder a los padres de la teoría conspiradora y a sus voceros mediático-eclesiásticos fuera del Sínodo. Bergoglio citó justamente la «hermenéutica conspirativa», y la definió como la «más débil sociológicamente» y, «teológicamente, la que mayores divisiones provoca. Es decir, exactamente lo contrario de lo que se debe hacer en el Sínodo, basta con esta mentalidad que ve tramas y complots por todas partes». Sus palabras fueron recibidas con un aplauso.
El Papa también dijo que hay que considerar documentos oficiales del Sínodo de 2014 sus dos alocuciones y la relación final. Estas palabras tenían como objetivo tranquilizar a todos los padres sinodales que consideraron demasiado cerrada a cualquier posible debate y profundización sobre los sacramentos a los divorciados que se han vuelto a casar la relación introductoria del cardenal Peter Erdö. Como si el Sínodo del año pasado y el camino recorrido desde entonces no hubieran existido. Francisco también precisó que la doctrina «católica sobre el matrimonio nunca ha sido tocada, nadie la ha puesto en cuestión, ya desde la asamblea extraordinaria, se conserva en su integridad», y sugirió a los padres que no se dejaran «condicionar» recurriendo el horizonte, como si «el único problema fuera el de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar».
Un eco sobre lo que sucedió durante las primeras 24 horas del Sínodo también resonó ayer en la conferencia de prensa con los periodistas en la sala de prensa vaticana. El arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, declaró: «El Papa nos dijo el martes en la mañana que debemos evitar como si uno estuviera conspirando contra el otro, y trabajar por la unidad entre los obispos… Al mismo tiempo, yo nunca he estado en una reunión de la Iglesia en la que no hubiera grupos que se reúnen y hacen ‘lobbying’ hacia una dirección particular».