Frank Verbeek es un bibliotecario holandés. A sus 56 años, no ha perdido el entusiasmo por la profesión que estrenó a los 19. Este año ha ganado el segundo premio a las ideas innovadoras convocado por la Biblioteca Pública de Ámsterdam (OBA), la red municipal de bibliotecas. Verbeek ha puesto en marcha Study Share, un proyecto piloto de estudio dirigido para grupos de unos 30 estudiantes.
Silencio, se estudia
El responsable de la actividad se encarga de garantizar que los participantes dejan a un lado el móvil y las redes sociales. Los módulos de estudio, en los que se exige silencio y concentración, son de 45 minutos. Después, el timbre anuncia una pausa de un cuarto de hora... y vuelta a empezar.
“Día tras día, veía a los estudiantes lamentarse por no haber aprovechado el tiempo después de pasar horas en la biblioteca”, explica Verbeek. “Como bibliotecario, los resultados de los estudiantes no me incumben. Pero aquí estamos para ayudar”. Por eso, decidió poner en marcha la iniciativa. Muchos de los que han participado en el proyecto –ya van por 200–, le escriben para darle las gracias por haber mejorado las notas.
Las bibliotecas regalan a todos los usuarios la misma novela con la idea de que tengan un tema común del que hablar
La idea de Study Share le vino al leer un libro que ha tenido mucho éxito en Holanda: Disciplina (2013), de Marli Huijer. La autora, catedrática de filosofía en la Universidad Erasmo de Róterdam, planta cara a la resistencia que hay en Holanda a la palabra “disciplina”, y defiende que esta es una palanca para alcanzar lo que queremos antes que una fuente de limitaciones.
El primer premio del concurso de la OBA fue para una iniciativa dirigida a enfermos de alzhéimer. Los bibliotecarios ayudan a sus cuidadores a localizar y a descargar del catálogo de discos las canciones que estaban de moda cuando estos pacientes eran jóvenes, pues se ha demostrado que la música les ayuda a evocar recuerdos, incluso de décadas atrás.
Conversaciones en torno a un libro
La Biblioteca Central de Ámsterdam es la cabecera de la OBA, integrada por una red de 25 bibliotecas municipales. Para promover la lectura entre una población que no llega al millón de habitantes –en Holanda se lee una media de dos libros al mes por persona–, las bibliotecas colaboran con las editoriales en diversas actividades: presentación de novedades, conferencias, mesas redondas con autores, clubes de lectura...
La semana del libro, organizada por el gremio editorial, ha encontrado un aliado en el proverbial espíritu mercantil de los holandeses. Si durante esa semana compras uno o varios libros por valor de 20 euros, recibes otro de regalo. Además, este te permite viajar gratis en el tren durante el domingo, ya que el libro sirve de billete. Lo que, por ejemplo, permite ahorrar hasta 56 euros a quienes viajen desde Groninga, al norte de Países Bajos, a Maastricht, al sur.
Las bibliotecas de Ámsterdam también favorecen el encuentro social. Varias han empezado a crear cafeterías para que los lectores puedan hacer una pausa y charlar. Otra iniciativa interesante es la campaña “Nederland leest” (Holanda lee): las bibliotecas regalan a todos los usuarios la misma novela con la idea de que tengan un tema común del que hablar