Un nuevo llamado del Pontífice por la «amada Siria», por «las poblaciones civiles obligadas a abandonar todo para escapar de los horrores de la guerra» y por una «solución política del conflicto».
Francisco, al final del Ángelus, se dirigió a la comunidad internacional: «Sigo con viva preocupación —dijo— el destino dramático de las poblaciones civiles involucradas en los violentos combates en la amada Siria, y obligadas a abandonar todo para escapar de los horrores de la guerra. Espero que, con generosa solidaridad, se preste la ayuda necesaria para asegurar su supervivencia y dignidad, mientras hago un llamamiento a la comunidad internacional para que no ahorre ningún esfuerzo para llevar con urgencia a las partes involucradas, a la mesa de negociación. Sólo una solución política del conflicto será capaz de garantizar un futuro de reconciliación y de paz a ese país querido y martirizado, por el cual los invito a rezar mucho, y también ahora, todos juntos, recemos a la Virgen por la amada Siria».
El Papa recordó que en estos días en Italia se celebra la Jornada por la Vida, y pidió un nuevo compromiso para curar a nuestra sociedad de todos los atentados contra la vida: « Me uno a los Obispos italianos para desear de parte de las diversas instituciones educativas y sociales, un renovado compromiso en favor de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural. Nuestra sociedad debe ser ayudada a sanar de todos los atentados contra la vida, osando un cambio interior, que se manifiesta también a través de las obras de misericordia. Saludo y animo a los docentes universitarios de Roma y a quienes están comprometidos a dar testimonio de la cultura de la vida».
También habló contra la explotación de personas, principalmente de los niños: «»Mañana se celebra la Jornada de oración y reflexión en contra de la trata de personas, que ofrece a todos la oportunidad de ayudar a los nuevos esclavos de hoy a romper las cadenas pesadas de la explotación para recuperar su libertad y dignidad. Pienso, en particular, en las muchas mujeres y hombres, y en los tantos niños! Se necesita hacer todo el esfuerzo posible para acabar con este crimen y esta vergüenza intolerable».
Después quiso dedicar un saludo a los millones de hombres y mujeres que mañana, en Extremo Oriente, celebran el Año nuevo lunar.
Al saludar a los peregrinos presentes, y dirigiéndose particularmente a la comunidad sacerdotal del Colegio Mexicano de Roma, exclamó: «Les pido que acompañen mi viaje a México y también el encuentro que tendré con mi querido hermano Kirill en La Habana».
Antes de la oración mariana del Ángelus, el Papa comentó el Evangelio de Lucas, con el llamado de los primeros discípulos de Jesús, «pescadores» de hombres. «Esta —observó— es la lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia: ir en busca, ‘pescar’ a los hombres y a las mujeres, no por proselitismo sino para restituir a todos la plena dignidad y la libertad, mediante el perdón de los pecados. Esto es l esencial del cristianismo: difundir el amor regenerador y gratuito de Dios, con una actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno pueda encontrar la ternura de Dios y tener una plenitud de vida. Y aquí, de manera particular, pienso en los confesores: son los primeros que deben dar la misericordia del padre, siguiendo la misericordia de Jesús, como hicieron los dos frailes santos padre Pío y el padre Leopoldo Mandic».
«El Evangelio de hoy —concluyó— nos interpela: ¿sabemos confiar verdaderamente en la Palabra del Señor? ¿O nos dejamos desanimar por nuestros fracasos? En este Año Santo de la Misericordia estamos llamados a confortar a cuantos se sienten pecadores e indignos ante el Señor y abatidos por los propios errores, diciéndoles las mismas palabras de Jesús: ‘No temas’».