Son pocos los que se atreven a hacer en público el gesto de cerrar el puño, dejando salir el dedo pulgar, entre el índice y el corazón, por la obscenidad que se atribuye al gesto. Sin embargo, son muchos los que llevan consigo su representación plástica, en la creencia de que puede resultar eficaz para librarlos de la mala suerte y de otros infortunios. Se trata de un amuleto genuinamente español que se vende en el comercio de la mayoría de las ciudades de España y Sudamérica.
Su nombre académico es higa, aunque todavía se la llama figa en recuerdo de su origen latino, cuando las haches se pronunciaban como efes en castellano. La voz y algunas de sus connotaciones proceden del fruto de la higuera. Favorece tal relación el que la hoja de este árbol tenga una forma parecida a la mano extendida, que el puño cerrado se asemeje a un higo y que sus innumerables semillas se asocien a un símbolo de fertilidad y. por tanto, de lujuria. No es raro, pues, que se utilice como metáfora del órgano sexual femenino.
La higuera fue un árbol sagrado para los romanos, un símbolo de iluminación para los budistas y un tabú del jardín del paraíso en las tradiciones gnósticas e islámicas. Pero pasa a ser considerado por el cristianismo como un árbol maldito desde que se negase a dar sus frutos a Jesús y fuesen escogidas sus ramas por Judas para ahorcarse.
Como amuleto, tiene su antecedente en los signos priapescos que las antiguas culturas realizaban con fines lujuriosos o infamantes: la mano cornuda italiana, con los dedos índice y meñique extendidos, o el gesto ateniense, tan popular desde la Edad Media, de extender el dedo medio de la mano derecha - llamado "infame" por los romanos - mientras se contraen todos los demás, a la vez que se apoyan en sus costados el índice y el cordial. Es de reseñar, en este sentido, que en algunos cuadros medievales de la Pasión de Cristo es posible observar a unos envidiosos que le hacen mofa con el gesto de la higa. Una variante de este gesto, consiste en cerrar el puño, dejando el dedo pulgar escondido en su interior. Fue utilizada para preservarse de posibles peligros. A los cadáveres, durante siglos, se les ha enterrado con esta posición de la mano para evitar el poder de los malos espíritus sobre el difunto.
Una de las primeras referencias de este gesto podemos leerla en Fastos de Ovidio: "Señala con sus dedos cerrados y el pulgar en el medio, para que los espíritus no puedan acercársele".
[El blog señala como fuente «Suerte! de Ramos Perera»]