Papa Francisco habló en audiencia a una delegación de la Iglesia evangélica alemana (Evangelischen Kirche in Deutschland, Ekd), citando afirmado por Benedicto XVI en Erfurt en 2011 acerca de Lutero y el movimiento de reforma.
«Es significativo», precisó Francisco ante la delegación de 23 exponentes evangélicos alemanes, guiada por el obispo protestante Bedford-Strohm («un hombre con el fuego en el corazón») y acompañada por el cardenal arzobispo de Münich Reinhard Marx, «que, en ocasión del 500 aniversario de la Reforma, cristianos evangélicos y católicos aprovechen la ocasión de la conmemoración común de los eventos históricos del pasado para poner nuevamente a Cristo en el centro de sus relaciones. Justamente “la cuestión sobre Dios”, sobre “cómo poder tener un Dios misericordioso” era la “pasión profunda, el resorte de la vida y del camino entero“ de Lutero», dijo Francisco citando a Benedicto.
Lo que animaba e inquietaba a los Reformadores, explicó, era, «en el fondo, indicar la vía hacia Cristo. Es lo que debe ser importante para nosotros también hoy, después de haber nuevamente emprendido, gracias a Dios, un camino común. Este año de conmemoraciones nos ofrece la oportunidad de cumplir un ulterior paso hacia adelante, mirando al pasado sin rencores, pero según Cristo y en comunión con Él, para proponer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la novedad radical de Jesús, la misericordia sin límites de Dios: precisamente lo que los Reformadores a su tiempo querían estimular». Recordando cómo la llamada de los reformadores suscitó en aquel entonces eventos que llevaron a divisiones entre cristianos, Francisco dio gracias a Dios porque hoy «finalmente despojados de todo lo que nos estorba, fraternalmente corremos resueltamente al combate que se nos presenta, fijando la mirada en Jesús».
Y gracias a la comunión espiritual fortalecida en estas décadas de camino ecuménico», continuó Francisco, «podemos hoy deplorar juntos el fracaso de ambos frente a la unidad en el contexto de la Reforma y de los hechos sucesivos. Al mismo tiempo, en la realidad del único Bautismo que nos hace hermanos y hermanas y en la común escucha del Espíritu, sabemos, en una diversidad ya reconciliada, apreciar los dones espirituales y teológicos que de la Reforma hemos recibido».
El Pontífice recordó también el común gesto de penitencia y de reconciliación que tendrá lugar próximamente, es decir, la función ecuménica titulada: “Sanear la memoria, testimoniar a Jesucristo”. «Con este signo —afirmó— y con otras iniciativas ecuménicas previstas este año (como el peregrinaje a Tierra Santa) ustedes tienen el ánimo de dar un configuración concreta a la Fiesta de Cristo, que en ocasión de la conmemoración de la Reforma, piensan celebrar juntos».
«Para el futuro, —agregó el Pontífice—, deseo confirmar nuestra llamada sin retorno a dar testimonio juntos del Evangelio y a continuar en el camino hacia la plena unidad. Haciéndolo juntos, agregó, nace también el deseo de ir más allá, en nuevos recorridos». «La llamada urgente de Jesús a la unidad —insistió— nos interpela, como también la entera familia humana, en un periodo en el cual experimenta graves laceraciones y nuevas formas de exclusión y de marginación. También en esto es grande nuestra responsabilidad».