Tres son los grandes dones que el Papa subrayó, comenzando por la identidad:
“Ante todo, nos ha dado el ‘ADN’, es decir, nos ha hecho hijos, nos ha creado a Su imagen, a Su imagen y semejanza, como Él. Y cuando uno tiene un hijo, no puede ir para atrás: el hijo está hecho, está allí. E independientemente de que se le asemeje mucho o poco, se asemeja al padre, a veces no, pero es hijo; ha recibido la identidad. Y si el hijo llega a ser bueno, el padre se siente orgulloso de aquel hijo, ¿no? ‘Pero, mira, ¡qué bueno!’. Y si es un poco feo, el padre dice: ‘¡Es bello!’, porque el padre es así. Siempre. Y si es malo, el padre lo justifica, lo espera… Jesús nos ha enseñado cómo un padre sabe esperar a los hijos. Nos ha dado esta identidad de hijo: hombre y mujer; debemos añadir: hijos. Somos ‘como dioses’, porque somos hijos de Dios”.
La Tierra está encomendada al hombre para que la custodie con su trabajo
El segundo don de Dios en la Creación es, según Francisco, una “tarea”: “Nos ha dado toda la Tierra”, para “dominar” y “subyugar”, como reza el Génesis. Es, por tanto, una “realeza” la que ha sido donada al hombre, añadió el Papa, porque Dios no lo quiere “esclavo” sino “señor”, “rey”, pero con una tarea:
“Así como Él ha trabajado en la Creación, nos ha dado a nosotros el trabajo, nos ha dado el trabajo de llevar adelante la Creación. No destruirla; sino hacerla crecer, cuidarla, custodiarla y hacer que se la lleve adelante. Nos ha dado todo. Es curioso, pienso yo: pero no nos dado el dinero. Tenemos todo. ¿El dinero quién nos lo ha dado? No lo sé. Dicen las abuelas que el diablo entra por los bolsillos: puede ser… podemos pensar en quien ha dado el dinero… Ha dado toda la Creación para custodiarla y llevarla adelante: éste es el don. Y, finalmente, ‘Dios creó al hombre a Su imagen, hombre y mujer los creó’”.
Volviendo a recorrer el relato del Génesis, el Obispo de Roma propuso el tercer y último don, el amor, a partir del hombre y de la mujer.
El amor: el tercer don de Dios en la Creación
“Hombre y mujer los creó. No es bueno que el hombre viva solo. E hizo a la compañera”, explicó el Papa Bergoglio. El Dios-amor da al hombre el amor y un “diálogo de amor” debe haber sido el primero entre el hombre y la mujer, imaginó Francisco. Y completó su mirada sobre la Creación con la siguiente invocación final:
“Agradezcamos al Señor por estos tres regalos que nos ha dado: la identidad, el don-deber y el amor. Y pidamos la gracia de custodiar esta identidad de hijos, de trabajar sobre el don que nos ha dado y llevar adelante con nuestro trabajo este don, y la gracia de aprender cada día a amar más”.