El mensaje, firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, fue personalmente llevado el sábado por la tarde, 22 de abril, por el arzobispo Angelo Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado, que lo leyó durante la misa que él mismo celebró. El Pontífice, es la conclusión del mensaje, «invoca abundantes dones del Divino Espíritu para un camino eclesial fructífero, confiando votos y propósitos a la celeste intercesión de la Virgen María».
En la homilía el arzobispo Becciu tomó los movimientos del testimonio de María Magdalena «la primera anunciadora de la resurrección», aquella que «recibe la misión de ser el primer testigo del Resucitado, la “apóstola de los apóstoles”». Y también, hizo notar, son precisamente estos últimos «quienes no la creen», no consiguiendo «comprender que la fuerza del Señor se manifiesta humildemente, a través de la debilidad». En resumen, «aquellos que habían estado con Jesús no conseguían esperar». Pero «su pesimismo incrédulo puede decirnos algo también a nosotros — comentó el prelado — porque la tentación de la desconfianza puede tocar también a aquellos que desde hace mucho tiempo se han puesto a seguir a Jesús». Se trata a fin de cuentas, como reveló el Papa Francisco también recientemente en Carpi, de elegir si «fiarse del Señor o de sí mismo». Y de «afrontar las tentaciones concretas de la incredulidad, de la clausura y del miedo que insidian el corazón de la fe» con la ayuda del consejo espiritual del Pontífice: tomando «la raíz de esta actitud de rechazo en relación con la consolación cristiana», en el Ángelus del 7 de diciembre de 2014 reveló cómo «muchas veces tenemos miedo de ser consolados, es más, nos sentimos más seguros en la tristeza y en la desolación porque nos sentimos casi protagonistas».
Para los apóstoles «el avance se produjo cuando recibieron el Espíritu el día de Pentecostés: de inconsolables se convirtieron en consoladores, de desconfiados a valientes, de temerosos a testigos» afirmó el arzobispo Becciu, haciendo notar «un particular: Jesús envió a los discípulos justo después de haberlos regañado por su incredulidad». En resumen, «su poca fe, sus errores y sus miedos no han impedido a Jesús fiarse y mandarles: es un gran estímulo también para nosotros que constatamos como Iglesia y como cristianos, cuánto la pequeñez de nuestra fe haya aumentado la tibieza de muchos y obstaculizado a muchos en el encontrar a Jesús». Pero «nos consuela saber que Dios cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos y en la fuerza del Espíritu nos envía a evangelizar con la vida, a testimoniar no sobre la base de estrategias complejas y articuladas, sino sobre la fuerza límpida y humilde del amor a Dios y al prójimo».
«Para ser buenos evangelizadores», es la sugerencia del sustituto de la secretaría de Estado, no se debe basar «sobre nuestras fuerzas», afianzándose «sobre obstinadas convicciones humanas», sino «dejarse dócilmente plasmar por el Espíritu». Y después, añadió, la evangelización es siempre «al plural». Precisamente en la «centralidad del Señor» se reconoce el estilo de la Renovación Carismática Católica: «Partir de nuevo como el primer día de la esencialidad del Evangelio, para una misión eclesial que será más fructífera en cuanto abierta a la alabanza, libre de toda autoreferencialidad y humildemente dirigida a construir comunión».