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El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

La teología ante el «genio» de la mujer

29 de septiembre de 2005
Habla el profesor Josep-Ignasi Saranyana

PAMPLONA, jueves, 29 septiembre 2005 (ZENIT.org).- La teología también debe profundizar en el llamamiento que lanzó este jueves Benedicto XVI a dar gestos concretos de reconocimiento del «genio» de la mujer, considera el profesor Josep-Ignasi Saranyana.

Sacerdote y teólogo, Saranyana (Barcelona, 1941) es autor de «Teología de la mujer, teología feminista, teología mujerista y ecofeminismo en América Latina (1975-2000)», editado en Costa Rica por «Promesa» (edicionespromesa@hotmail.com).

En esta entrevista concedida a Zenit, Saranyana, director del Instituto de Historia de la Iglesia de la Universidad de Navarra, analiza algunas corrientes teológicas que tienen a la mujer por sujeto y plantea su propuesta.

--¿En qué se distingue la teología feminista de la teología de la mujer?

--Saranyana: Entiendo que la teología de la mujer se construye «desde arriba», considera a la mujer desde la Revelación. Atiende ante todo a la gran tradición de la Iglesia.

La teología feminista, en cambio, va «desde abajo». No orilla la Revelación, pero la considera como un lugar teológico secundario. Es más bien una sociología religiosa, cuando no un puro análisis psicológico de las vivencias y sentimientos femeninos.

Es interesante, pero no es teología en sentido puro. Con frecuencia, además, tiene carácter reivindicativo y polémico.

--Hay feministas católicas que se mueven dentro de la Tradición. ¿Por qué no llamarlas teólogas feministas en vez de teólogas de la mujer?

--Saranyana: Los adjetivos son fundamentales. Hay dos formas de considerar a la mujer: una es más propia de las nuevas humanidades; la otra es más teológica. Se pueden cambiar las denominaciones, pero hay que distinguir las dos disciplinas con sintagmas diferentes.

--¿Qué es exactamente el ecofeminismo?

--Saranyana: En cierto sentido es una vuelta a formas primitivas del fenómeno religioso. Considera que la tierra (entendida como lo femenino) sería el origen o la «madre» de todo. Dios (que sería lo culturalmente masculino) queda desposeído de su carácter creador. Reivindica una especie de dualismo que rememora formas del primitivo gnosticismo. A veces incluso deriva hacia un monismo telúrico. Implica, a mi entender, una subversión del sentimiento religioso genuino.

--¿Qué opina usted de esa analogía, establecida por el ecofeminismo, entre la explotación de la naturaleza y la explotación que sufre la mujer?

--Saranyana: El ecofeminismo constituye una radicalización tan exagerada de la teología feminista, que poco tiene ya de teología en sentido propio. Desborda no sólo la especulación dialéctica sobre el género (teología feminista), sino también la consideración del género entendido como mero producto social (teología mujerista). Es evidente que se halla en las antípodas de lo que he llamado teología de la mujer.

--¿La Santa Sede se interesa por estas corrientes ecofeministas?

--Saranyana: Comprenda que es muy difícil dialogar con propuestas tan radicales, porque apenas existe una plataforma común desde la que entenderse. No se olvide, sin embargo, que el Consejo Pontificio de la Cultura y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso han estudiado algunas propuestas del ecofeminismo, en un documento de 2003, titulado «Jesucristo portador del agua viva».

Habría que preguntar a los ecofeministas si aceptan la trascendencia absoluta de Dios sobre todo lo creado y, en consecuencia, si admiten que Dios es creador.

--Al margen de las polémicas doctrinales, ¿qué puede hacer la Iglesia para paliar la marginación de la mujer denunciada por las feministas, aun las más moderadas?

--Saranyana: Ya el libro del Génesis, con sabiduría divina, profetizó, como pena del pecado de origen, una dialéctica sexista, que habría de conducir al sometimiento violento de la mujer por parte del varón. Es innegable que la mujer ha sido marginada incluso en culturas de inspiración cristiana.

La Iglesia se ha esforzado en revisar esa situación, predicando el mandamiento del amor fraterno. Poco a poco, sin provocar confrontaciones mayores, ha conseguido la abolición de la esclavitud, ha influido en la erradicación de la tortura, ha suavizado las leyes de la guerra, ha modificado las relaciones laborales y ha mejorado mucho la condición femenina.

?Sin embargo, muchas feministas se quejan de que Iglesia no promociona a la mujer, porque la excluye de la jerarquía eclesiástica?

--Saranyana: La sombra del marxismo es muy alargada. Aunque ha caído el telón de acero, colean muchos planteamientos dialécticos. Por ello, para algunos resulta difícil entender que la Iglesia armonice la desigualdad funcional con la igualdad esencial. Recordarlo no implica volver a la sociedad estamental premoderna. Supone adentrarse en el misterio divino de la Iglesia.

La Iglesia ha sido fundada por Cristo. Su condición esponsal es esencial, como enseña la Revelación: «Ataviada como una esposa se engalana para su esposo». También lo repite la tradición paulina. Cristo es esposo de la Iglesia, porque la fecunda con su sangre. En consecuencia, quienes participan sacramentalmente de un modo privilegiado del sacerdocio de Cristo deben ser varones. Ellos son la continuidad sacramental de ese sacerdocio y, por lo mismo, son también esposos de la Iglesia.

--Una de las preocupaciones de la teología feminista es la imagen de Dios y la impronta de esa imagen en cada persona humana.

--Saranyana: Dios es, en efecto, el ejemplar de todo cuanto existe. Toda mujer es imagen de Dios, porque es mujer; todo varón es imagen de Dios, porque es varón; cada ángel es también imagen de Dios, porque es espíritu puro.

Dios está por encima de la condición sexual. Es la causa, por creación, de la misma diferenciación sexual. Por ello no es ni varón ni mujer ni ángel. De todo esto ha hablado la Comisión Teológica Internacional el año pasado.

--Sin embargo, el lenguaje religioso es «exclusivo» con relación al género femenino. Se dice que Dios es Padre. ¿Cree que podría cambiar?

--Saranyana: Este tema excede a las posibilidades analíticas de la teología. Ignoro si hay alguna lengua en que el femenino sea inclusivo y el masculino exclusivo. Es obvio que tal posibilidad no es absurda. Sin embargo, al menos en el mundo occidental, las lenguas han evolucionado de forma que comúnmente los plurales son masculinos cuando se trata de un conjunto de individuos de distinto género, salvo en pocos casos, como el conocido «Mensch» alemán.

Podría haber sido de otra forma, pero hay que atenerse a lo que hay, so pena de «babelizarnos». Un diseño artificial de nuevos modos de expresión inclusiva podría complicar hasta el infinito la comunicación humana. También la teológica.

--Juan Pablo II acuñó el término «genio femenino». ¿Cree que el Papa Benedicto XVI hará alguna aportación ulterior en este sentido?

-- Saranyana: Me atrevo a recomendar la lectura de un documento importante poco conocido: la carta de 31 de mayo de 2004, firmada por el cardenal Ratzinger, dirigida a los obispos de la Iglesia católica, sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo. Es un documento que ofrece pistas sobre hipotéticos gestos del magisterio en los próximos años. Sin olvidar, por supuesto, «Mulieris dignitatem», de 1988, ni la «Carta a las mujeres», que es de 1995.

fuente: Zenit
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