Actualmente las cifras oficiales de muertos asciende a 134, pero hay miles de desaparecidos, la mayoría de los cuales también habrá que contarlos entre los muertos, aunque tal vez sus cuerpos queden para siempre sepultados por los aludes. Hay 31,500 personas refugiadas en albergues y 44,500 afectadas en forma directa por las inclemencias del tiempo.
Los daños en viviendas, en cosechas y en infraestructura vial son incalculables. Uno de los mayores problemas para atender a los damnificados es que la mayor parte de las carreteras del país están fuera de servicio, por rupturas en el asfalto y en la mayoría de los casos por los puentes que han colapsado. Muchas comunidades están totalmente incomunicadas, salvo por helicóptero.
Las zonas más afectadas son las de la Costa del Pacífico, donde se han registrado enormes inundaciones, y las regiones del noroccidente del país, principalmente los departamentos de Sololá, San Marcos y Quetzaltenango. Los pueblos colocados a las faldas de los volcanes o de las colinas, que tanto hermosean el paisaje guatemalteco, demostraron su vulnerabilidad a los derrumbes ocasionados por las lluvias. Lo más dramático fueron dos comunidades de Santiago Atitlán, que quedaron sepultadas físicamente por un derrumbe de las faldas del volcán Atitlán, con más de 50 muertos y centenares de desaparecidos; pero en toda esa región hay centenares de casas totalmente arrasadas por el lodo y las correntadas.
Como siempre sucede en estos casos, las inclemencias del tiempo pusieron más al descubierto la pobreza y la desigualdad social: la vulnerabilidad de las personas que, por necesidad, construyeron sus casas a las orillas de los ríos y en lugares con mucha peligrosidad. Sin olvidar otras lacras sociales relacionadas con la ineficiencia y la corrupción, pues hay muchos puentes antiguos que resistieron éstas y otras muchas correntadas, mientras que otros mucho más actuales fácilmente colapsaron.
A nivel de las personas que trabajamos en SEFCA*, no hemos sufrido directamente daños personales y creemos que entre las personas muertas o desaparecidas no hay ninguna de los grupos con los que estamos trabajando, porque se ubican en regiones que no han sido tan afectadas.
Pero, naturalmente, no podemos quedar indiferentes a la situación que viven tantos hermanos nuestros. Tanto a nivel personal como de institución, estamos haciendo nuestros pequeños aportes. Además de nuestras aportaciones personales, canalizamos unos mil quinientos dólares de las donaciones que hemos recibido y estamos solicitando la posibilidad de trasladar fondos de los proyectos, para invertirlos en medicinas, alimentos y agua. Todos los grupos con los que estamos trabajando también están haciendo sus aportaciones para contribuir, en la medida de los posible a remediar un poco tanta necesidad
* Servicios Ecuménicos de Formación Cristiana en Centroamérica