«Dispensen a todos esa Palabra de Dios que ustedes mismos han recibido con alegría, lean y mediten asiduamente la Palabra del Señor para creer lo que han leído, enseñar lo que han aprendido en la fe, vivir lo que han enseñado». Lo dijo el Papa Francisco durante la homilía de la misa que celebró en la Basílica de San Pedro, durante la que ordenó a 16 nuevos sacerdotes. «Piensen en sus pecados, en sus miserias, que Jesús perdona. Sean misericordiosos… Les quiero pedir, por favor: no se cansen de ser misericordiosos», exhortó el Papa cuyo Pontificado gira alrededor de la misericordia, como demuestra el Año Santo extraordinario que le dedicó.
La celebración, oficiada en ocasión de la 55ª Jornada mundial de oración por las vocaciones, el Pontífice reflexionó particularmente sobre el sacramento de la penitencia y exhortó a los nuevos sacerdotes a preocuparse por «agradarle solamente a Dios, no a ustedes mismos o a los demás hombres, por otros intereses. Solamente a Dios por el bien del santo pueblo fiel de Dios». Concelebraron con Francisco el vicario para la diócesis de Roma, Angelo De Donatis, el Secretario general del Vicariato, Gianrico Ruzza, los obispos auxiliares de Roma y los superiores de los seminarios y párrocos que acompañaron las vocaciones de los 16 diáconos.
«Estos hijos nuestros han sido llamados a la orden del presibiteriato», subrayó el Papa, «reflexionemos atentamente a cuál ministerio serán elevados en la Iglesia. Como ustedes bien saben, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo santo de Dios fue constituido pueblo sacerdotal. Entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular, para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal a favor de todos los hombres, continuaran su personal misión de maestro, sacerdote y pastor», explicó el Pontífice.
«Como, efectivamente, por ello Él había sido enviado por el Padre, así Él envió a su vez al mundo primero a los apóstoles y después a los obispos y a sus sucesores, a quienes, al final, fueron dados como colaboradores los presbíteros, que, a ellos unidos en el ministerio sacerdotal, están llamados al servicio del pueblo de Dios». Por ello, prosiguió el Papa, estos nuevos sacerdotes «serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, y a este título, que los une en el sacerdocio a su Obispo, serán predicadores del Evangelio, pastores del Pueblo de Dios, y presidirán las acciones de culto, especialmente en la celebración del sacrificio del Señor».
«Que sea de alimento al Pueblo de Dios su doctrina, alegría y sostén a los fieles de Cristo el perfume de su vida. Y, que con la palabra y el ejemplo, puedan ustedes edificar la Casa de Dios que es la Iglesia: ustedes continuarán con la obra santificadora de Cristo», aconsejó Bergoglio, que añadió: «Reconozcan lo que hacen, imiten lo que celebren para que, participando en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, lleven la muerte de Cristo en sus miembros y caminen con Él en novedad de vida». Y «con el Bautismo agregarán nuevos fieles al pueblo de Dios, con el Sacramento de la Penitencia perdonarán los pecados en el nombre de Cristo y de la Iglesia». E insistió con fuerza: «Por favor, no se cansen de ser misericordiosos. Piensen en sus pecados, en sus miserias que Jesús perdona. Sean misericordiosos, con el aceite santo darán alivio a los enfermos». Además, «celebrando los sacros ritos y elevando en las diferentes horas del día la oración de alabanza y de súplica, se harán voz del Pueblo de Dios y de la humanidad entera».
«Por medio de su ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por sus manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta», añadió Francisco, poniendo en guardia sobre la importancia de darse cuenta de lo que hacen mal y «de imitar lo que conmemoran, de tal manera que al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, se esfuercen por hacer morir en ellos el mal y procuren caminar en una vida nueva».
Por otro lado, el Papa destacó la riqueza de ejercer el ministerio de Cristo Sacerdote, «no buscando sus propios intereses, sino la gloria de Jesucristo, procurando mantener siempre vivo el don de la alegría perenne y la verdadera caridad». «Al ejercer, en la parte que les corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección; esfuércense por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, puedan conducirlos al Padre. Tengan siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido».
Son 16 los diáconos que el próximo 22 de abril, cuarto domingo de Pascua (también llamado del Buen Pastor), serán ordenados sacerdotes en la misa presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro. Once de ellos irán a la diócesis de Roma, según informó una nota del Vicariato. Seis de ellos se formaron en el Colegio diocesano Redemptoris Mater, cinco estudiaron en el Seminario Romano Mayor, cuatro pertenecen a la Familia de los Discípulos y uno a la Pequeña Obra de la Divina Providencia.