«Frente al problema del sufrimiento humano, es necesario saber cómo crear sinergias entre personas e instituciones, también superando prejuicios, para cultivar la atención y el esfuerzo de todos a favor de la persona enferma». Hoy, 28 de abril, día de la muerte del pequeño Alfie Evans, el Papa Francisco volvió a insistir en la importancia del diálogo entre las familias, médicos e instituciones en general como primer requisito fundamental para acompañar a los enfermos, sobre todo a los enfermos terminales. Lo hizo, sin referirse explícitamente al caso del bebé inglés, al recibir en audiencia a los que participan en la VI Conferencia Internacional sobre la medicina regenerativa que promueve el Pontificio Consejo de la Cultura, titulado “Unite To Cure A Global Helath Care Initiative”, que concluyó hoy en el Vaticano.
«La ciencia, como cualquier otra actividad humana, sabe que tiene límites que se deben respetar por el bien de la humanidad, y “necesita un sentido de responsabilidad ética”», subrayó Bergoglio ante médicos, científicos, pacientes, expertos en ética, filántropos, funcionarios gubernamentales, líderes religiosos y celebridades (como el actor Orlando Bloom y los cantantes Peter Gabriel y Katy Perry), que se reunieron hoy por la mañana en el Aula Pablo VI. «La Iglesia elogia todos los esfuerzos de investigación y aplicación encaminados a la atención de las personas que sufren, recuerda también que uno de los principios básicos es que "no todo lo que es técnicamente posible o factible es por esa misma razón éticamente aceptable”».
Lo decía Pablo VI en la “Populorum Progressio”: «La verdadera medida del progreso, como recordaba el beato Pablo VI, es la que tiene por objeto el bien de todos los hombres y de todo el hombre».
Por ello es necesaria la prevención, conscientes de que «muchos males podrían evitarse si se prestara más atención al estilo de vida que asumimos y a la cultura que promovemos. Prevenir significa tener una mirada abierta hacia el ser humano y el ambiente en que vive. Significa pensar en una cultura del equilibrio en la que todos los factores esenciales (educación, actividad física, dieta, protección del medio ambiente, observancia de los "códigos de salud" derivados de prácticas religiosas, diagnósticos tempranos y específicos, entre otros) puedan ayudarnos a vivir mejor y con menos riesgos para la salud».
Esto es particularmente importante «cuando pensamos en los niños y los jóvenes, que están cada vez más expuestos a los riesgos de enfermedades vinculadas a los cambios radicales de la civilización moderna». Basta reflexionar sobre «el impacto que el humo, el alcohol o las sustancias tóxicas halladas en el aire, el agua y el suelo tienen sobre la salud humana. Un alto porcentaje de tumores y otros problemas de salud en los adultos se pueden evitar a través de medidas preventivas tomadas durante la infancia», observó Francisco.
Pero todo ello, insistió, exige «una acción global y constante que no se puede delegar en instituciones sociales y gubernamentales, sino que exige el compromiso de cada uno. Por lo tanto, es urgente que se difunda una mayor sensibilidad en favor de una cultura de la prevención como primer paso hacia la protección de la salud».
Es cierto, y el Pontífice lo recordó con «mucha satisfacción», que hay un «gran esfuerzo» por parte de los investigadores científicos que pretenden descubrir y difundir nuevas curas, «especialmente cuando tocan el delicado problema de las enfermedades raras, autoinmunes, neurodegenerativas y muchas otras». Sin embargo, todavía es necesario «reflexionar sobre la salud humana en un contexto más amplio, teniendo en cuenta no sólo su relación con la investigación científica, sino también con nuestra capacidad de preservar y proteger el medio ambiente y con la necesidad de pensar en todos, especialmente en los que experimentan dificultades sociales y culturales que hacen precarios tanto el estado de salud como el acceso a las curas».
El Papa citó también las metas alcanzadas en las últimas décadas, gracias a la investigación celular y en el ámbito de la medicina regenerativa, sobre las técnicas de reparación de los tejidos y las terapias experimentales, que han abierto «un importante capítulo en el progreso científico y humano, incluido en vuestra conferencia con dos términos: reparar y curar. Cuanto mayor sea nuestro compromiso en favor de la investigación –afirmó Bergoglio–, tanto más estos dos aspectos serán relevantes y efectivos, permitiéndonos responder de una manera más adecuada, incisiva e incluso más personalizada a las necesidades de las personas enfermas».
La ciencia, añadió el Papa argentino, «es un medio poderoso para comprender mejor tanto la naturaleza que nos rodea como la salud humana. Nuestro conocimiento avanza y con él aumentan los medios y tecnologías más sofisticadas que permiten no sólo mirar la estructura más recóndita de los organismos vivos, incluidos los seres humanos, sino también intervenir en ellos de una manera tan profunda y precisa que puede permitir incluso la modificación de nuestro propio ADN».
Sin duda es un enorme paso, pero, al mismo tiempo, también un riesgo. Por ello, insistió Bergoglio, «es esencial que aumente nuestra conciencia de la responsabilidad ética hacia la humanidad y el ambiente en el que vivimos». «Si queremos preparar el futuro asegurando el bien de cada persona humana, tenemos que actuar con una sensibilidad tanto más aguda cuánto más potentes sean los medios a nuestra disposición». «Esta es nuestra responsabilidad con el otro y con todos los seres vivos», concluyó Francisco.