Aunque hay en muchos sectores de la Iglesia, comenzando por el Papa mismo, una reacción sincera de repudio y horror ante el drama de los abusos, y una búsqueda de caminos reales para salir de este pozo negro en que toda la comunidad -por acción, omisión, o dejadez- ha caído, hay también quienes buscan "pescar en río revuelto". Sectores que rechazan a Papa Francisco y quieren aprovechar la crisis de los abusos para cargar contra un Papa que les molesta, precisamente porque hace demasiadas reformas, no porque está quieto y callado.
Lo están intentando con acusaciones de herejía, con soliviantar a creyentes poco formados en relación a las enseñanzas del Papa, con crear un clima de "revolución" allí donde Papa Francisco está poniendo necesaria evolución y adaptación en la fe de siempre.
Pero nadie había llegado tan lejos como Mons. Viganó y su documento de 11 páginas donde historia el conocimiento que (al menos supuestamente) se tenía en el Vaticano acerca de McCarrick, con el fin, nada oculto, de que algo salpique a Francisco y pedir, como hace en el documento, la dimisión del Papa.
El eje del argumento es que Benedicto XVI había sancionado a McCarrick prohibiéndole hablar públicamente y alejándolo de los espacios visibles. Esto ocurría "entre 2009 y 2010". Esas sanciones habrían sido, según Viganò, secretas... con lo cual las frecuentes apariciones de McCarrick con posterioridad a la sanciones las interpreta Viganò como desobediencias flagrantes que habría cometido McCarrick, y que Francisco no habría reprimido inmediatamente...
El argumento, a decir verdad, no se sostiene en absoluto: aunque es verdad que en la Iglesia hay secretos que no deberían serlo, lo cierto es que la idea de una sanción canónica secreta es una contradicción en los términos: si está sancionado, hay un proceso, un veredicto, comienzan las apelaciones, etc. Suponiendo que las sanciones a McCarrick hubieran sido secretas, está en todo su derecho en desobedecerlas, del momento en que serían ilegales y antijurídicas.
Pero además ha ido saliendo en pocas horas a la luz un conjunto de documentos gráficos que muestran la imposibilidad de que McCarrick hubiera estado sancionado por Benedicto XVI en 2010. La mejor muestra es una foto del 27 de febrero de 2013, último encuentro de Benedicto XVI como papa y los cardenales, donde se ve a McCarrick saludando públicamente al Papa Benedicto, lo que no hubiera sido posible de existir las sanciones que Viganò señala.
Naturalmente, si Benedicto XVI no había sancionado a McCarrick, es falso que Francisco lo hubiera rehabilitado. Más bien lo que ha ocurrido es lo que conocemos, que ante el progresivo descubrimiento de la verdad sobre McCarrick, fue Francisco el que tomó la decisión de apartarlo, e incluso, hecho inédito, de pedirle la renuncia a la púrpura cardenalicia.
Aunque por momentos algunos deseamos que Francisco se defienda un poco más, posiblemente tuvo razón al señalar en al entrevista del avión de regreso de Irlanda que lo mejor respecto de la carta de Viganò es leerla con atención: se desmiente sola.