
Nota importante de ETF: transcribo esta noticia (llamada en el original "Memento mori: Dios nos habla en la desolación holandesa") por su interés en lo que vale como un dato de actualidad eclesial importante. Está tomada de uno de los blogs de InfoCatólica ("Espada de doble filo", de Bruno M.). En realidad el artículo sigue con una reflexión del autor que achaca -¡cómo no!- este proceso de siglos a los males -o supuestos males- del posconcilio. Naturalmente esta reflexión no solo está metodológicamente errada (al perder de perspectiva que el proceso cultural de poscristianización lleva dos siglos, por lo menos), sino que no puede arribar más que a resultados falsos ("¿Escarmentaremos de una vez?", ¡como si de los procesos culturales se pudiera "escarmentar", una palabra que carece completamente de significado en este contexto), por lo que no cabe mezclarla (como hace el autor) con la noticia.
Hace tiempo que se escuchan rumores de que la archidiócesis holandesa de Utrecht, la mayor de los Países Bajos, podría estar considerando la posibilidad de deshacerse de su catedral. Esos rumores finalmente se han confirmado en varios medios de comunicación de los Países Bajos, que explican que el consejo parroquial ha iniciado la segunda etapa del proceso de secularización de la catedral de Utrecht.
La catedral de Santa Catalina es un precioso templo gótico, el único medieval que tiene la Iglesia en la ciudad, ya que la antigua catedral fue confiscada por los protestantes durante la Reforma. Como parte de esta segunda etapa, se informó a los fieles sobre el proceso y el próximo paso será recabar las opiniones de todos los interesados. Después, en su caso, se presentará una propuesta de secularización de la iglesia al arzobispo. Si concluye el proceso, que tiene ocho etapas, la catedral será vendida.
Según el blog holandés In caelo et in terra y otros medios, existe un preacuerdo para vender el templo al museo Catharijneconvent, que ya adquirió el resto de los antiguos edificios monásticos medievales que formaban el complejo de la catedral. Esta venta permitiría que la iglesia no se dedicase a usos irreverentes y que se preservase su historia. La finalidad no sería lograr un beneficio económico, porque la venta se realizaría por el precio simbólico de 1 euro, sino más bien desembarazarse de los grandes costos que supone el templo y que se están haciendo insostenibles para una diócesis que recibe escasos donativos de un número cada vez menor de fieles.
En una entrevista realizada en diciembre de 2018, el cardenal Eijk de Utrecht ya advirtió sobre “pequeño número de fieles que siguen yendo a la iglesia y, en consecuencia, el pequeño número de voluntarios y los ingresos insuficientes para mantener las iglesias abiertas. Hay iglesias con capacidad para 400 o 500 personas y a menudo incluso más, a las que solo acuden algunas decenas de fieles los domingos. Muchas parroquias están teniendo que recurrir a las reservas financieras”.
Santa Catalina de UtrechtA pesar de ello, un grupo de parroquianos y fieles de toda la diócesis han firmado una petición para que no se produzca la secularización de la catedral, en la que se defiende orgullosamente que “¡el catolicismo de Utrecht aún no está listo para convertirse en un museo!”. En la petición se afirma también que “cerrar la catedral y renunciar así a la visibilidad del catolicismo en el centro de la ciudad impedirá el crecimiento de la comunidad en el futuro”.
Entre los firmantes de la petición, que ha sido respaldada hasta ahora por 1.496 personas, se encuentran varios sacerdotes. Según In caelo et in terra, uno de ellos afirmó que “todos nos hemos ordenado en esta iglesia y ahora sentimos lo que hacemos pasar a los parroquianos al cerrar las iglesias en las que se casaron y donde sus hijos fueron bautizados”.
El sacerdote se refiere así a la ola de secularizaciones de iglesias que está experimentando la archidiócesis y que la dejarán reducida a la mínima expresión. Así lo explicó también el cardenal Eijk: “muchas iglesias ya se han retirado del culto y, en los próximos diez años, habrá que cerrar la mayoría de las iglesias. Antiguamente había más de 350. Ahora quedan unas 200. Preveo que, en 2028, el año en que cumpliré 75 años y tendré que presentar mi renuncia al Santo Padre, la Archidiócesis de Utrecht contará aproximadamente con 20 parroquias, con uno o dos templos cada una”.
Este fenómeno no es único de la archidiócesis de Utrecht. Varias de sus diócesis sufragáneas, como la de Breda y la de Groningen-Leeuwarden, ya han secularizado y demolido sus catedrales para trasladarlas a templos más pequeños y más fáciles de sostener económicamente y las secularizaciones de templos parroquiales son muy comunes en todo el país. De hecho, probablemente el cardenal Eijk de Utrecht sea uno de los mejores obispos, si no el mejor, que hay actualmente en los Países Bajos, pero la destrucción de décadas es muy difícil de detener, humanamente hablando.
El cardenal advirtió que “en todo el norte de Europa, la Iglesia Católica se está reduciendo. Holanda tiene el dudoso honor de ser la pionera de este fenómeno: fuimos el primer país donde comenzó la reducción. Desde entonces, se ha registrado una disminución del número de fieles en todo el norte de Europa, especialmente en Alemania, donde el declive es muy rápido, entre otras cosas debido a los que abandonan la Iglesia”.