
En la República Centroafricana vivimos una situación trágica con una cuarta parte de la población desplazada a causa de la guerra que ya dura seis años. En mi diócesis cientos de pueblos han desaparecido, pues la quema de poblaciones y la violación de mujeres es la estrategia que utilizan los grupos armados. Un millón trescientas mil personas están sin casa, sin tierra, y sin más enseres que la ropa con que huyeron.
En esta situación, unas cuantas ONG actúan entre nosotros con proyectos de urgencia repartiendo comida, cacerolas, ropa, toldos, mosquiteras… Todo esto es necesario, pero está convirtiendo a la población africana en mendiga y dependiente de la ayuda exterior.
San Daniel Comboni, nuestro querido fundador, en su Plan para la regeneración de África propone «Salvar África por medio de África». Con nuestro proyecto de microcréditos estamos ayudando a los más vulnerables a salir adelante. En este caso se trata de las mujeres desplazadas de Nzacko, población arrasada por los grupos armados musulmanes. En este caso se trata de las mujeres desplazadas de Nzacko, población arrasada por los grupos armados musulmanes.
El proyecto lo llevamos a cabo por medio de Cáritas diocesana, y hace poco lo expliqué a más de trescientas mujeres del campo de refugiados de Bakouma. Creamos grupos de cinco mujeres que al inscribirse pagan una pequeña cantidad como garantía. Luego, cada una recibirá 10 euros para trabajar juntas con esos 50 euros. El beneficio será para ellas; pero, cuando devuelvan el capital inicial, recibirán una cantidad superior, y así sucesivamente.
Una de las mujeres que me escuchaban, me preguntó: « ¿Y nosotras, las mujeres desplazadas que no estamos en el campo de refugiados, no podemos beneficiarnos de este proyecto?». Le contesté que no, pues estamos desbordados. Más tarde, me enteré de que los selekas habían matado al padre y al marido de esa mujer en su presencia; después, la torturaron y la desnudaron delante de sus hijos, y luego le rompieron los brazos a palos, dejándola como muerta. Consiguió sobrevivir… Pero ahora tiene que sacar adelante a sus seis hijos y no tiene fuerzas para construirse una choza en el campo de refugiados. Enseguida fui a verla, acompañado de mi colaborador Lambert; le dije que también ella puede beneficiarse del proyecto sin abonar la garantía inicial.
La gente está acostumbrada a que las ONG les den todo gratis, pero esto es «pan para hoy y hambre para mañana». Con los microcréditos, procuramos que nuestra caridad sea creativa, emprendedora, capaz de poner en pie a la persona y hacerla artífice de su liberación.