
En estos momentos en los que la sociedad y la Iglesia buscan poner a la luz los abusos y las agresiones sexuales, en particular a menores y personas vulnerables, con mis hermanos vemos necesario tomar la palabra. En Taizé, acogemos desde hace décadas, semana tras semana, a miles de jóvenes y menos jóvenes de Europa y del mundo entero.
Conscientes de nuestra responsabilidad y de la confianza que nos hacen los jóvenes, sus familias y sus acompañantes, siempre hemos buscado que esa acogida sea en las mejores condiciones, desde el respeto a las convicciones y una gran atención a la seguridad y a la integridad de todos.
Sin embargo, entre los participantes a los encuentros, ya sea entre jóvenes o jóvenes y adultos, las agresiones a la integridad podrían haber ocurrido. Cuando hemos sido informados, nos aseguramos de escuchar a las víctimas, y también de informar a las autoridades competentes, judiciales y eclesiales.
Entre otras medidas, desde 2010 una página del sitio de Internet está dedicada a la protección de las personas y una dirección de correo electrónico está destinada a facilitar una posible denuncia. En Taizé, un hermano y otras personas externas a la comunidad están encargadas para escuchar a cualquier persona que tenga conocimiento de una agresión de carácter sexual u otra forma de violencia, en particular si se trata de menores de edad. Esto forma parte de la información que se da a todos los participantes a su llegada.
Si tomo la palabra hoy, es porque he sabido con una muy gran tristeza de casos que implican a hermanos; incluso si son antiguos, hemos pensado, en comunidad, que debemos hablar. Se trata de cinco casos de agresión de carácter sexual a menores, entre los años 50 y 80, cometidos por tres hermanos diferentes, dos de los cuales ya son difuntos desde hace más de quince años.
Cuando me informaron de las acusaciones, mi primer paso ha sido escuchar, con otros hermanos, a las personas víctimas, en un absoluto respeto a su palabra, entender su sufrimiento y acompañarlos lo mejor posible.
En los últimos años, en la sociedad y en la Iglesia, la comprensión de la gravedad de toda agresión a la integridad por suerte se ha profundizado. Esto encuentra un eco en la evolución de la ley francesa que requiere informar de todos los casos, independientemente de la época en que los hechos ocurrieran.
Para continuar nuestro trabajo por la verdad, y después de haber hablado primero con las víctimas, acabo de informar al Fiscal de la República de estos cinco casos.
Reconocemos que también forman parte de la historia de nuestra comunidad estas agresiones cometidas en el pasado por algunos hermanos. Para nosotros, este comunicado se inscribe en un trabajo por la verdad que ya comenzó con la escucha a las víctimas y aun hoy nuestros primeros pensamientos se dirigen hacia ellas; escuchando lo que han vivido y sufrido, sentimos vergüenza y una profunda tristeza. Es posible que este comunicado aliente a otras posibles víctimas a darse a conocer: las escucharemos y acompañaremos en los pasos que quieran emprender.
Estamos convencidos de que sacando a la luz estos actos contribuiremos, ayudados por personas externas a la comunidad, a proteger de manera eficaz a quienes nos dan su confianza viniendo a Taizé. Si hablo hoy, es por que se lo debemos tanto a las víctimas, a sus familiares, como a aquellas y aquellos que buscan en Taizé un lugar de confianza, de seguridad y de verdad.
Hermano Alois