
El Congreso Eucarístico, desarrollado del 22 a 24 de septiembre, tuvo como tema “Volver al gusto del pan. Por una Iglesia eucarística y sinodal”. Unos 800 delegados, llegados de 166 diócesis italianas compartieron con 80 obispos cuatro días de oración, reflexión sobre la centralidad de la Eucaristía.
En su homilía el Papa señaló que “Este es el desafío permanente que la Eucaristía ofrece a nuestra vida: adorar a Dios y no a nosotros mismos. Ponerlo en el centro y no la vanidad de uno mismo”. Con estas palabras ha expresado el papa Francisco su tristeza por la “realidad aún hoy, cuando confundimos lo que somos con lo que tenemos, cuando juzgamos a las personas por la riqueza que tienen, por los títulos que exhiben, por los roles que desempeñan o por la marca del vestido que usan”.
“Si nos adoramos a nosotros mismos, morimos en la asfixia de nuestro pequeño yo; si adoramos las riquezas de este mundo, ellas se apoderan de nosotros y nos esclavizan; si adoramos al dios de la apariencia y nos emborrachamos con derroches, tarde o temprano la vida misma nos pedirá la cuenta”, ha señalado el Pontífice. Sin embargo, cuando adoramos a Jesús presente en la Eucaristía, “recibimos también una nueva mirada a nuestra vida: no soy las cosas que poseo y los éxitos que logro obtener; el valor de mi vida no depende de cuanto logre exhibir ni disminuye cuando encuentro fracasos y fallos”.
Por otro lado, Francisco ha recordado que la Eucaristía “nos llama al amor de los hermanos”. “Este Pan es el sacramento del amor por excelencia. Es Cristo quien se ofrece y parte por nosotros y nos pide que hagamos lo mismo, para que nuestra vida sea trigo molido y se convierta en pan que alimenta a nuestros hermanos”, ha aseverado.
Volver a la Eucaristía
“Soñamos con una Iglesia así: Eucarística, hecha de hombres y mujeres que se parten como el pan por todos los que mastican la soledad y la pobreza, por los que tienen hambre de ternura y de compasión, por aquellos cuya vida se desmorona porque ha faltado la buena levadura de la esperanza”. Una Iglesia, además, “que se arrodilla ante la Eucaristía y adora con asombro al Señor presente en el pan; pero que también sabe inclinarse con compasión ante las heridas de los que sufren, socorriendo a los pobres, secando las lágrimas de los que sufren, haciéndose pan de esperanza y de alegría para todos”.
Así, el Papa ha finalizado la homilía haciendo un llamamiento a “volver a Jesús y a la Eucaristía”. “Volvamos al gusto del pan, porque mientras estamos hambrientos de amor y de esperanza, o estamos quebrantados por las fatigas y sufrimientos de la vida, Jesús se convierte en comida que nos alimenta y nos sana”.