Análisis Digital, 27/12705 - El Santo Padre se asomó ayer a la ventana de su estudio a las doce del mediodía para recitar el Ángelus frente a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.
Benedicto XVI recordó al Santo Esteban, primer mártir de la Iglesia católica, cuya festividad se celebraba ayer. En este sentido, manifestó que, incluso en nuestro tiempo, para profesar la fe cristiana se “requiere el heroísmo de los mártires” y destacó que hay lugares en el mundo, en el que aún perduran las persecuciones religiosas, donde “vivir en coherencia con el Evangelio conlleva un alto precio a pagar”.
“En el ambiente de alegría de Navidad no parece fuera de lugar la referencia al martirio de San Esteban”, a quien denominó como “un perfecto imitador” de Jesús. Con este ejemplo, Benedicto XVI hizo referencia al pesebre sobre el que nació Jesús, “donde ya se alargaba la sombra de la Cruz”.
Después de San Esteban "comenzó una larga serie de mártires que han sellado su propia fe ofreciendo su vida, proclamando con su heroico testimonio que Dios se ha hecho hombre para abrir al hombre el Reino de los Cielos". Desde el origen de la Iglesia, recordó el Pontífice, "muchos cristianos testimoniaron su fe con el derramamiento de la sangre".
También añadió que “no debe sorprender que un día, este Niño, convertido en adulto, pidiera a sus discípulos que lo acompañasen en el camino a la Cruz con total confianza y fidelidad”. "Pidamos a Dios la gracia de vivir con coherencia nuestra fe, dispuestos siempre a responder a cualquiera que nos pregunte la razón de la esperanza que tenemos", concluyó desde la ventana de sus aposentos.
Por último, el Papa saludó en varios idiomas, entre ellos el español, y pidió para que el misterio de San Esteban “alumbre nuestro camino para dar testimonio de amor y paz”. A los italianos les transmitió su deseo de que "conserven en estos días el clima espiritual de alegría y de serenidad de la Santa Navidad".