
Para afrontar esta época marcada —también en el ámbito de la comunicación— por la irrupción de la inteligencia artificial, es urgente volver a las razones del corazón, a la centralidad de las buenas relaciones y a la capacidad de acercarse a los demás, sin excluir a nadie. Y esta urgencia encuentra respuesta en el servicio a la verdad que los medios de comunicación católicos pueden ofrecer a todos, incluso a los que no creen.
Como profesionales de la comunicación social de inspiración católica, os animo a ser sembradores de buenas palabras, amplificadores de las voces que buscan valientemente la reconciliación, desarmando los corazones del odio y el fanatismo. En un mundo fragmentado y polarizado, sed las antenas que captan y retransmiten lo que viven las personas débiles, marginadas, solas y que necesitan conocer la alegría de sentirse amadas.
En este compromiso, tenéis una fuente de inspiración en la persona del padre Jacques Hamel, a quien habéis dedicado un premio destinado a los periodistas que se comprometen a promover la paz y el diálogo interreligioso. El padre Hamel fue testigo de la fe hasta el punto de dar su propia vida. Siempre creyó en el valor del diálogo y de la escucha recíproca y paciente. El padre Hamel estaba convencido de que es urgente saber mostrarse cercano a los demás, sin excepción. Para conocernos, debemos encontrarnos sin dejarnos intimidar por las diferencias, dispuestos a luchar por lo que somos y por lo que creemos. Que su ejemplo os anime a ser buscadores de la verdad en el amor que todo lo explica, artífices de una palabra que abraza, de una comunicación capaz de reunir lo que está roto, de un bálsamo para las heridas de la humanidad.
Invocando sobre cada uno de vosotros la protección de san Francisco de Sales y la intercesión de la Virgen María, el Papa León XIV os concede la bendición apostólica.