Análisis Digital, 15/03/06 - Las amenazas comienzan a concretarse: 19 de las más influyentes organizaciones pro-familia estadounidenses han lanzado un boicot de un año contra Ford, después de que fracasaran las negociaciones con la compañía.
Los motivos aparecen detallados en la página web www.boycottford.com, e incluyen diversas donaciones al lobby homosexual y la promoción activa de lo que se conoce como “políticas de diversidad” (sexual) en el seno de las grandes compañías. Según han denunciado en diversas ocasiones las asociaciones pro familia, este tipo de políticas de recursos humanos obliga a miles de empleados a sostener una ideología contraria a sus valores. Hewlett-Packard, Kodak y la compañía de seguros Allstate han despedido a trabajadores por oponerse a la promoción de la diversidad sexual. “La dirección nos dice que todas las creencias son bienvenidas”, dice una empleada de Kodak. “Bien, como averiguó Rolf, si tus opiniones y creencias fundamentales van contra la línea festiva“ de la compañía, “te expulsan”.
Ford es una de las caras más visibles del apoyo empresarial del que disfruta el lobby gay. Al margen de que ciertos directivos puedan o no sostener determinadas ideologías, existe una motivación empresarial evidente. Los estudios de mercado demuestran que los llamados “hogares unifamiliares” y las parejas de hecho gastan mucho más en artículos de lujo y de ocio. Promover estilos de vida no tradicionales o antifamiliares tiene su reflejo en las cuentas de resultados. El movimiento homosexual, de forma más o menos consciente, es utilizado como punta de lanza de la cultura hedonista. La razón es bastante simple: iniciativas como el ‘matrimonio homosexual’ contribuyen a debilitar la percepción social de la familia, con el resultado de que se debilitan los vínculos interpersonales e interfamiliares y se sustituye a la familia, especialmente la numerosa, que concentra sus gastos en artículos de necesidad básica, por una multiplicidad de individuos catalogados en “segmentos de mercado” dispuestos a dar satisfacción a sus caprichos personales.
El boicot contra Ford estaba inicialmente previsto para mayo de 2005. La multinacional llamó entonces a las organizaciones pro familia y pidió la apertura de negociaciones. Éstas concluyeron con un acuerdo el 28 de noviembre, en el que Ford se comprometía, entre otras cosas, a no insertar más publicidad en publicaciones homosexuales y a poner fin a las donaciones para actividades y campañas que promuevan las uniones o el “matrimonio homosexual”.
Unos días después, directivos de Ford se reunieron con los representantes de 7 organizaciones homosexuales y rompieron el compromiso con las organizaciones pro familia. A raíz de aquello, las asociaciones familiares lanzaron un ultimátum que concluía el 20 de enero, exigiendo un compromiso por escrito. El boicot “no es algo que quisiéramos” lanzar, dice el presidente y fundador de la American Family Association. “De hecho, hemos pasado los últimos tres meses tratando de evitarlo, pero no hemos tenido ningún éxito en ninguna dirección”.
El boicot no sólo afecta a la marca Ford, sino también al resto de automóviles que fabrica la compañía: Mercury, Lincoln, Volvo, Land Rover, Mazda y Jaguar.