Forum Linertas, 10/04 /06 (España) Hay al menos dos aspectos que diferencian radicalmente nuestra época de la que vivieron los cristianos de los siglos II y III. Por un lado, que casi todos los paganos de la época, incluso los que perseguían o despreciaban a los cristianos, creían en los dioses y lo sagrado.
Por otro, que esos mismos paganos creían en el pecado, la culpa, la virtud (o su ausencia) y la necesidad de redención. La sociedad actual no cree ni en lo sagrado ni en la necesidad de redención, y eso dificulta la propuesta cristiana de forma distinta a la de las primeras comunidades.
Pero en muchas otras cosas, el siglo II y III se parecían mucho al nuestro y los cristianos se engrentaban a retos parecidos. El reto de la familia, el papel de la mujer, el aborto y el infanticidio, la atención a los enfermos y huérfanos, la evangelización en la vida cotidiana y en ambiente hostil, el desprecio de las clases cultas, un sociedad global en torno al Mediterráneo, la aparición de sectas, iluminados y cismas de todo tipo, la potente corriente gnóstica que era el new-age de la época... son temas que nos resultan muy cercanos a los cristianos del siglo XXI pero que apenas enfrentaron los del s.XVIII o incluso XIX y XX.
El libro de Adalbert G. Hamman es un clásico de ágil lectura que deja para el final las 1.250 notas y citas de textos históricos que sustentan todo su discurso, lleno de anécdotas sabrosas y representativas de la época.
En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos.
Con Hamman, y de la mano de los textos de la época, aprendemos como mercaderes sirios y marineros extendieron el cristianismo; cómo se viajaba y como los cristianos acogían en sus casas a los misioneros y predicadores itinerantes porque los hostales y posadas eran peligrosas e incómodas. Había también gorrones y abusones, y las comunidades tenían formas de detectarlos y desalentarlos.
El libro repasa la procedencia social de aquellos hombres y mujeres: esclavos y siervos, mayoría de mujeres, pero también algunos señores, viudas con dinero, profesionales que no podían ejercer oficios que implicasen sacrificios a los dioses paganos como el circo, la escultura, el ejército, parte del funcionariado.
Se analiza la relación con las comunidades judías y el judeocristianismo; también con la urbe romana y sus valores cívicos. Muchos ataques venían del populacho inculto; otros, de sofisticados intelectuales y filósofos.
Aquella iglesia combinaba carismas, lenguas, milagros, visiones y profecías con organización, jerarquía y sentido común. Obispos organizadores como Ireneo tenían visiones y profecías y dones carismáticos. También los tenían las sectas montanistas, pentecostales descontrolados que avivaban el fuego anti-cristiano con imprudentes provocaciones entre los paganos, y también con abusos y engaños.
En la comunidad cristiana se acogían viudas y huérfanos, fuesen de mártires o de enfermedades. Esta atención al débil era cosa infrecuente en la Antigüedad pagana. Justino el filósofo, Blandina la esclava; Ireneo el obispo misionero; Perpetua, la joven madre de Cartago... son algunos de los rostros que pasan por estas páginas.
Y junto al trabajo, la vida y la muerte; vemos la oración; el día del Señor en el domingo (nada que ver con el culto al sol pagano, sino con la Resurrección de Cristo anunciada desde el principio). Vemos cómo se perdonaba a los pecadores, como se vivía en la persecución, cómo y quién construía la iglesia.
Este libro, que Palabra re-edita desde 1985, merece ser leído y releído porque habla casi de nuestra época. Nuestros hijos ya no ven películas de romanos y cristianos en la TV, y menos en el cine. Sin una relación con la vida cotidiana de los cristianos perseguidos de entonces, no podremos poner en contexto nuestra vida y persecuciones cotidianas hoy.