Forum Linertas, 23/04/06 (Españ) - Sigue funcionando el fenómeno G.K.Chesterton. Hace unos tres años varias editoriales empezaron esta escalada chestertoniana hacia los expositores de las librerías. La cosa sigue subiendo como la espuma. Suponemos que es porque las ventas acompañan.
Que nosotros sepamos, hasta el momento sólo se había publicado en castellano una recopilación de ensayos cortos: “El amor o la fuerza del sino”, que, quizá, con los tiempos que corren de debate sobre lo que es “la familia” habría que atreverse a reeditar. En este caso, la selección de ensayos está hecha por Alberto Manguel, del cual, tras leer el prólogo – también suyo-, algo habría que decir.
Digámoslo. Hasta ahora nos resultaba por lo menos extraño que un escritor tan evidentemente católico como GKC estuviese vendiendo tantos libros y que ningún furibundo anticatólico de los que ahora han salido a la luz a cultivar el dislate se pusiese a atacar al difunto. Lo que nos temíamos se ha consumado en el prólogo de Manguel, curiosa elección de Acantilado, sobre todo cuando es tan bajo su concepto del escritor inglés.
Normalmente las editoriales buscan el prólogo propagandístico. Aquí, sin embargo, no sabemos si por virtud o malicia – en el caso de ser virtud es mucha e inusual la que son capaces de atesorar -, el prologuista no considera “imprescindible” leer al autor. Además, nos miente sobre su vida y su obra, que quizá debería estudiar un poco más antes de escribir sobre ella.
Dice de él que se convirtió porque se casó con una católica. Error. Frances Blogg era anglicana y se convirtió años después de hacerlo GKC, siguiendo un proceso nada mecánico, cosa que se puede rastrear en la “Autobiografía” –publicada también en esta editorial- o en obras como “Ortodoxia” o “Herejes” (pendiente de edición en la España moderna). Es más, para más detalle merece incluso ojear la biografía escrita por J. Pearce, “Sabiduría e inocencia”, que, para nosotros, es la más completa que ha llegado a nuestras librerías.
Pero no sólo miente en esto. Llega a decirnos: “Es imposible leer a GKC en profundidad y no toparse con torpes observaciones antisemitas, antifeministas y racistas revestidas de los mismos mecanismos retóricos que hacen que sus ensayos sean inteligentes, brillantes y conmovedores.” Ante esto, sólo recordar la biografía ya citada, donde se discute sobre este particular, evidenciándose, con pruebas, que ese concepto de GKC sólo lo tiene el crítico literario que se dedica a aplicar “clichés”, del tipo “si católico, entonces malo, pero que muy malo”. Es más, supongo que, a este respecto, el prologuista también debe abominar literariamente de Shakespeare, que en un momento de supuesto “antisemitismo” escribió “El mercader de Venecia”.
Manguel viene a decir que a GKC hay que leerlo por su ascendencia sobre Borges – que ese sí que era un escritor. Nosotros, sin embargo, ya ante la definición de ensayo que nos da GKC, pensamos otra cosa. Dice: “el ensayo es el único género literario cuyo nombre reconoce que el irreflexivo acto conocido como escritura es en realidad un salto en la oscuridad.”
Igual que Borges, este prologuista, sólo ha visto la carcasa de GKC. No se ha dado cuenta de que su retórica lo es no por propio ingenio sino porque está al servicio de la verdad. Por eso leer estos ensayos, aunque los haya escogido hombre tan escorado, es un placer.