Forum Libertas, 25/06/06 -
Al sobrevolar la catedral de Londres, Lucifer suelta una blasfemia.
Estoy pensando – le dice el monje- si esta blasfemia te podría ayudar en algo. Conocí a un hombre como tu; él también odiaba al crucifijo. Lo eliminó de su casa, del cuello de su mujer, hasta de los cuadros; decía que era feo, símbolo de barbarie, contrario al gozo y a la vida.
Pero su furor llegó a más todavía: un día trepó al campanario de una iglesia, arrancó la cruz y la arrojó desde lo alto. Este odio acabó transformándose en delirio y después en locura furiosa. Una tarde se detuvo fumando su pipa, ante una larguísima empalizada. No brillaba ninguna luz, no se movía ni una hoja, pero creyó ver la larga empalizada transformada en un ejército de cruces, unidas entre sí colina arriba.
Entonces, blandiendo el bastón, arremetió contra la empalizada , como contra un batallón enemigo. A lo largo de todo el camino fue destrozando y arrancando los palos. Odiaba la cruz y cada palo era para él una cruz.
Al llegar a casa seguía viendo cruces por todas partes, pateó los muebles, les prendió fuego, y a la mañana siguiente le encontraron cadáver en el río. Así pasa con los sin Dios, comienzan despedazando la cruz y terminan por destruir al mundo.”
El monje concluyó:
Suprimid a Dios y ¿qué es lo que queda? ¿ En qué se convierten los hombres? Sin embargo, lo que muchos combaten no es al verdadero Dios, sino a la falsa idea que se han hecho de El. Le rechazan no porque sean malos -quizá son mejores que nosotros- sino porque le miran desde un punto de vista equivocado. Ellos “dicen” no creer en Dios, pero Dios sigue creyendo en ellos.
Alejo Fernández Pérez