Forum Libertas, 12/07/06 -
Si en los primeros siglos servía de consuelo y aliento para los cristianos perseguidos el testimonio de los mártires, en el nuestro, son los conversos los que ayudan a nuestra fe.
La vida cristiana tiene mucho de testimonial. Gracias a lo que observamos que Dios hace en nosotros o en la vida de otras personas, certificamos aquello que creemos.
Dios es tan bueno que no deja de sorprendernos con nuevas adhesiones a su persona suponen un aliciente más en el camino de la Iglesia.
Alessandra Borghese forma parte de una célebre familia romana, a la que perteneció, entre otros el Papa Pablo V, y así consta en la fachada de san Pedro del Vaticano. Además hay un barrio de la capital italiana que lleva su nombre y referencias a su linaje aparecen en numerosos monumentos de la ciudad. En la actualidad ejerce como periodista en diferentes medios.
El libro recoge lo que es una experiencia frecuente. Alessandra se acerca a la Iglesia a través del testimonio de una amiga, la princesa Gloria von Thurn. Además, por lo que parece, no es a través de largas discusiones sobre Dios o la Iglesia, sino por el sencillo gesto de invitarla a Misa, porque era domingo. Así Alessandra, que había compartido con su amiga otros ambientes se ve de nuevo en relación con la Iglesia.
Después aparecen otros personajes, pero, como señala la autora, el método de Dios es sencillo: “Con frecuencia, para abrirse camino se sirve de la fe de otros hombres, que se ponen a su disposición como instrumentos. Siervos inútiles, como nos recuerda el Evangelio; pero, eso sí, utilizados por un Dios que prefiere andar de puntillas, con gran respeto, como exige el amor”.
La autora, al hilo de su conversión, nos va explicando también aspectos importantes de la doctrina católica desde la experiencia de la confesión hasta la belleza de la liturgia, pasando por otros muchos aspectos, como la doctrina del purgatorio, por ejemplo.
En ese sentido el libro no aporta sólo la frescura de una mujer que se ha sentido tocada por el dedo de Dios sino que es también una amable exposición de la doctrina católica, una auténtica sinfonía de la verdad.
Anastasio López